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Claudia Piñeiro - Catedrales

Claudia Piñeiro, una autora comprometida con la lucha feminista

Con su última novela recién publicada en España, la escritora Claudia Piñeiro habló con FlipAr sobre Catedrales, uno de sus libros más vendidos en Argentina, su vida y los ejes presentes en casi toda su obra: el aborto, la religión y los derechos de la mujer.

Texto: Julieta Franco
Foto: Daniel Mordzinski
Claudia Piñeiro - Catedrales

Claudia Piñeiro comenzó a escribir desde muy pequeña. Tenía una necesidad de expresar todo lo que sentía a través de la palabra escrita. Sus recuerdos escolares la llevan a cuadernos llenos de cuentos, composiciones –sus preferidas-, pequeñas historias, relatos y poesías.

Con esos antecedentes, cualquiera adivinaría que, a la hora de elegir una carrera, se inclinaría por Letras. Sin embargo, eran los años setenta y la dictadura militar en Argentina había cerrado todas las carreras humanísticas, por lo que optó por Ciencias Económicas.

Pasados sus veinte años, Claudia Piñeiro empezó a formarse en talleres con distintos escritores y maestros, a devorar libros y, finalmente, a estudiar dramaturgia en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Sin embargo, pasaría mucho tiempo para que su vida como contadora migrara, de a poco, a la escritura.

“A los 28 años me pedí una licencia en el trabajo para escribir una novela y mandarla a un concurso”, recuerda, y explica: “Pero no era dejar todo, era simplemente ´tengo este descanso para hacer esto, y luego veré´. Claudia Piñeiro quedó entre las diez finalistas y le quedó el mensaje: “Si te esforzás, si lo deseás, si trabajás en eso… Bueno, a lo mejor algún día sos escritora´”.

Hoy, entre sus libros se encuentran Las viudas de los jueves (2005), Elena sabe (2007), Tuya (2008), Las grietas de Jara (2009), Betibú (2011), Un comunista en calzoncillos (2013), Una suerte pequeña (2015) y Las maldiciones (2017), entre otros éxitos que fueron llevados al cine.

Catedrales, su última novela, fue una de las más leídas en Argentina durante 2020 y recientemente se publicó en España. La autora, además, este año participa de la 16° edición de BCNegra, que en esta ocasión es totalmente virtual.

Si no fueras la autora de Catedrales sino una lectora, ¿cómo recomendarías el libro? Sin lanzar ningún spoiler

—Arrancaría diciendo que Catedrales es una historia familiar, de una familia muy católica a la cual la muerte de la hermana más chica y la aparición de su cadáver en un baldío quemado y descuartizado treinta años atrás y sin resolver, los ha desarmado y desmembrado como familia. Una hermana se fue a vivir a Santiago de Compostela, la otra se quedó en Buenos Aires, una se reconoció atea y la otra se hizo fanática católica.

¿Por qué leerla?

—Por lo mismo que elegí contarla, a través de seis personajes y un epílogo de un séptimo personaje, que es el padre de Ana. Sólo en el conjunto de esas voces, sólo asumiendo la pequeña responsabilidad que cada uno de ellos ha tenido en la muerte de Ana, se puede llegar a la verdad. Me parece que la historia que estoy contando necesita muchas voces para contarla y también muchas lecturas. Así que agradezco a los que la están leyendo.

La historia que estoy contando en Catedrales necesita muchas voces para contarla y también muchas lecturas.

Catedrales fue uno de los libros más vendidos en Argentina el año pasado. ¿Cómo te imaginás la recepción de los lectores en España?

—Cuando uno lee una historia que pasa en un país muy diferente al de uno, donde las leyes, los usos y costumbres son otros, aun así puede encontrar cuestiones que son cercanas, más allá de que el hecho puntual no lo sea.  Esta es la historia de una familia a la que la Iglesia, con sus preceptos, ha hecho mucho daño. Y eso me parece que en España se puede entender muy bien.

El eslogan de promoción es: “La verdad que se nos niega duele hasta el último día”. Sin importar el daño que pudieras hacer a alguien, ¿dirías siempre la verdad?

—Hay otra frase que dice que a veces llegamos hasta la verdad, al borde, nos falta dar un paso y sabemos que, si damos ese paso, no vamos a poder tolerar lo que está ahí, entonces no nos atrevemos a dar ese último paso. Yo creo que la verdad es muy importante y me parece que, en casi todos los casos, hay que decir la verdad. Pero me reservo la posibilidad de pensar que a veces hace tanto daño, que determinadas personas no podrían resistir viviendo con esa verdad. A lo mejor ellos no están dispuestos a dar ese paso, a lo mejor ellos deciden quedarse un paso atrás y uno no puede obligarlos a que vean la verdad que está ahí y que les destruiría la vida.

¿Qué pensás que habría que hacer en ese caso?

—Me parece que la decisión de dar ese paso hacia la verdad o no  es de cada individuo, sino estaríamos haciendo algo casi religioso, que es lo que el libro trata: imponer una cuestión religiosa a otro, decirle “vos tenés que creer esto, vos tenés que pensar de esta manera”. Si yo tengo que elegir para mí, elijo la verdad; pero entiendo que hay personas que pueden llegar hasta ese límite y no poder dar ese último paso, y hay que respetarlas.

En las redes sociales, donde Claudia Piñeiro se define como escritora, dramaturga y guionista, hay muchas fotos que declaran su apoyo a la lucha feminista. En una de ellas, publicada el 10 de diciembre pasado, la autora sostiene un pañuelo verde, acompañado por el texto: “Nos vemos en las calles, amigas. La marea verde de los barbijos se prepara para un día histórico. Será Ley”.

En Catedrales y en tu otra obra Elena sabe hay personajes en contra del aborto.  Al escribir Catedrales y luego al publicarlo, ¿se te pasó por la cabeza que ese mismo año el Senado aprobaría en Argentina la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo?

—Cuando lo estaba escribiendo sabía que había un proceso en marcha y que en algún momento iba a haber aborto legal, seguro y gratuito en Argentina, pero no sabía que el presidente Alberto Fernández iba a mandar su proyecto y que iba a ser aprobado el mismo año en el que salía el libro. Sí sabía que, en algún momento, por suerte antes de lo que algunos esperaban, íbamos a contar con esa ley.

Sabía que, en algún momento, íbamos a contar con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

¿Y cómo viviste ese día histórico?

—Estaba ahí cuando se anunció. Fui a la plaza del Congreso con otras mujeres a seguir la votación, tanto en Diputados como en Senadores. Festejé con mis amigas, nos emocionamos, lloramos, celebramos que habíamos obtenido un derecho. Fui parte de eso, estuve ahí.

Cuando habla de los ejes que abordan sus novelas –todos muy actuales, cuestionables, empáticos y reales, pero ficticios en las historias-, Claudia Piñeiro no deja de lado la opinión que tiene de la Iglesia, a la que separa del concepto de religión.

La escritora explica con mucha calma que en la religión cada uno puede ser muy libre de pensar lo que quiera y lo que crea como fe, pero que otra cosa muy distinta es la Iglesia, en la que son los hombres los que mandan.

¿Cuál es tu visión con respecto a la postura de la Iglesia en torno al aborto?

—Es el varón el que ha definido la Iglesia católica a lo largo de los años, el que dijo cómo deben entenderse determinadas cuestiones. Hasta hace unos siglos atrás, nadie se preocupaba en la Iglesia católica por el aborto, porque creían que la persona era persona cuando el alma entraba al cuerpo y eso era en el nacimiento. En determinado momento, se empezaron a ocupar y empezó la batalla más importante para la Iglesia en Latinoamérica. Están muy activos ahora porque no quieren que lo que pasó en Argentina se replique en otros países.

Es el varón el que ha definido la Iglesia católica a lo largo de los años, el que dijo cómo deben entenderse determinadas cuestiones.

Volvamos a la Claudia escritora… ¿De dónde viene la musa al escribir? ¿Tomás fragmentos de tu vida, de personas que conocés o de la propia cultura argentina?

—Me aparece una imagen disparadora y esa imagen siempre tiene personajes. Esos personajes los dejo en mi cabeza y espero que empiecen a hablar, a mostrar cuál es su conflicto. Empiezo a escribir recién cuando se armar muy bien esa primera escena disparadora. No pienso en términos de temas que quiero plantear porque me afectan a mí o a la sociedad, sino en términos de una historia, de una familia. Lo que pasa es que, como escribo literatura que está muy relacionada con el aquí y el ahora, esos personajes salen a la misma calle que salgo yo y en la misma época.

¿Cómo es tu rutina de escritura?

—Trabajo muchas horas al día. Cuando mis hijos eran chicos me tenía que organizar con sus horarios pero ahora, que son independientes, puedo escribir en el horario que quiera, siempre de mañana. Me cuesta mucho hacerlo de noche porque me duermo con facilidad. Todo eso pasa cuando está la novela en marcha, antes de eso tardo en arrancar porque dejo esa primera imagen disparadora en la cabeza mucho tiempo, hasta que no termina de armarse en la cabeza no me siento a escribir. Eso no quiere decir que cuando yo me siento a escribir sé absolutamente todo, pero sé bien cuál es el conflicto inicial, cómo arranca la historia, hacia dónde va a ir; e intuyo un final, que a veces puede cambiar.

Dejo la primera imagen disparadora en la cabeza mucho tiempo, hasta que no termina de armarse en la cabeza no me siento a escribir.

FlipAr es un puente entre Argentina y España. ¿Qué colegas de la literatura española y argentina admirás?

—De España, Marta Sanz, Rosa Montero, Elvira Lindo, Carlos Zanon. De Argentina, Cabezón Cámara, Samanta Schweblin, Ariana Harwicz, Camila Sosa Villada. Podría nombrar muchos más, pero ahora se me vienen esos a la cabeza.

 

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