LLORENÇ GONZÁLEZ: “En Argentina hay algo de habitar el presente todo el rato”

Tras terminar sus grabaciones de la telenovela española Amar es para siempre, el actor catalán Llorenç González –conocido por sus papeles de Andrés en Gran Hotel y de Jonás Infantes en Velvet-, viajó a Argentina para presentar durante los fines de semana de diciembre su unipersonal Tocando al Frente. El talentoso artista habló con Revista FlipAr acerca de su profesión, de su relación con el país y de la obra que lo trae a Buenos Aires por segundo año consecutivo.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: Yanel Luengo

En España Movistar+ estrena “Una historia para recordar”, el episodio especial que cierra para siempre el universo de Velvet, la serie ambientada en los años cincuenta y sesenta con la que se encariñó todo televidente. Sin embargo, Llorenç González, el actor detrás del audaz diseñador de moda Jonás Infantes, está en Buenos Aires, a miles de kilómetros de sus compañeros.

El catalán pasa parte de su texto sobre el escenario del Teatro Regina. Lo acompaña Txema Cariñena al piano. La sala está casi vacía; las butacas, sólo ocupadas por Valeria y Noelia, las productoras del espectáculo, que siguen atentamente el ensayo de Tocando al Frente, declarada recientemente de Interés Cultural por la Legislatura de la ciudad.

Faltan dos horas para que Llorenç inicie la antepenúltima función de la obra que trae por segundo año consecutivo a la Argentina. Se trata de un unipersonal en el que el español recrea el primer viaje que hizo por el país sudamericano en 2016 y en el que invita a recorrer con los sentidos sus distintos escenarios naturales y urbanos.

Las clases de comedia musical que Llorenç tomó cuando era adolescente lo enlazaron por primera vez con Argentina. Su profesor incluyó en el temario varias canciones de la música tradicional rioplatense y así fue como conoció la ranchera, el bolero y el tango. “Balada para un loco” fue la primera que tuvo que aprender y con la que enseguida sintió una especial conexión.

¿Qué fue lo que te atrapó tanto del tango?

—Gracias a la obra de Piazzolla y Ferrer descubrí un género en sí mismo. Me encantaron las letras que tiene, las historias que cuenta, la manera en que se canta… Cada tango cuenta un cuento y tiene esta cosa de que se canta como medio hablando, se habla medio cantando, y cada cantante lo lleva a su terreno. Es algo que me conecta con algo muy interior, no sé si vendrá de otras vidas o qué.

El tango es algo que me conecta con algo muy interior, no sé si vendrá de otras vidas o qué.

Además de contar con esa referencia cultural, ¿qué te llevó, en 2016, a elegir Argentina como destino para tu primer viaje de mochilero?

—Fue un poco intuitivo en realidad. Cuando decidí que me animaría a viajar solo por primera vez había una cosa que era el idioma, que yo me lo quería poner más o menos fácil, entonces Latinoamérica tenía todos los números como para ser elegida. Y, hablando con una amiga mía de Barcelona, me dijo: «Hombre, si vas a Argentina llama a una tía mía que tiene sitio en su casa, ella te puede acoger y demás”. Y pues finalmente así fue. Lo que sé es que tenía que ser Argentina, todo cuadró.

Durante ese primer viaje iniciático cargado de expectativas e incertidumbres, Llorenç visitó Buenos Aires, las Cataratas del Iguazú, El Calafate, Puerto Pirámides y Salta, entre otros destinos argentinos. Al volver a España, compartió sus vivencias con su amigo Pedro Alonso, a quien conoció durante el rodaje de Gran Hotel. Al verlo tan maravillado y entusiasmado con el país, su colega le sugirió que bajara la experiencia al papel.

Tras cinco meses de escritura, el viaje finalmente quedó plasmado en Tocando al Frente, una obra que primero, en mayo de 2017, presentó durante tres días en su lugar de ensayo, un galponcito madrileño, para unos cuantos amigos. Después de obtener un buen feedback por parte de ellos, hacia fines de ese mismo año finalmente la estrenó en la capital española y en Barcelona.

¿Cómo recibió el público español la obra?

—La verdad que fue muy bien recibida en todas partes, con mucho cariño. La gente se quedaba con ganas de visitar el país; lo que más me gustaba que me dijeran era: «Ostras, qué ganas me dan de ir a conocer Argentina». También había mucha gente que conectaba con el tipo de viaje, porque la obra también cuenta una manera de viajar: no tan pegada al teléfono móvil y a las fotos sino más sensorial, contemplativa y espiritual.

Tocando al Frente también cuenta una manera de viajar, no tan pegada al móvil sino más sensorial, contemplativa y espiritual.

¿Y cómo fue traer el unipersonal para acá, en 2018? ¿Qué desafíos significó?

—Era algo que a mí me hacía dudar… “Y bueno, yo ahora le tengo que contar a argentinos algo que ya conocen», pensaba. Pero, de repente, aquí lo que encontré fue un agradecimiento enorme por mostrar el país de la manera en que yo lo muestro en este viaje. Fueron distintas maneras de recibirlo, pero todas muy bonitas.

¿Con qué cambios se va a encontrar ahora el espectador que vuelva a ver la obra?

—El espectador que repita se va a encontrar con un agradecimiento inmenso de mi parte por repetir, sólo eso (risas). La obra en sí es la misma porque yo quería que ese viaje iniciático fuera el mismo. Hay cosas pequeñitas de montaje que sí cambié, matices, la manera de contarlo y demás, pero en esencia sigue siendo el mismo viaje. Aunque, como cada vez hace más tiempo de lo que cuento, seguramente se va poniendo en el cuerpo en otro sitio, como que lo vas asimilando de otra manera.

¿Cómo definirías al argentino?

—Lo que me resulta más llamativo del argentino es que, como el país está siempre convulso, hay algo de habitar el presente todo el rato y de estar pendiente y alerta de ver para dónde ir. Ese vivir el presente constante para mí es muy atractivo, hace que los argentinos seáis muy creativos en todo, no sólo en el ámbito del arte sino en cualquier ámbito. Aquí me encontré, por ejemplo, con un taxista que era taxista y que después trabajaba de profesor; evidentemente lo hacía por necesidad pero me pareció muy rico.

Ese vivir el presente constante hace que los argentinos seáis muy creativos en todo, no sólo en el ámbito del arte sino en cualquier ámbito.

¿Y cómo es como espectador?

—Hay una cosa de apasionamiento. El público argentino y el público español o catalán no tienen nada que ver, aquí son mucho más ruidosos en el sentido de que reaccionan a las cosas. Allí tenemos algo como de más correcto, que no es ni mejor ni peor, pero es así. De repente vienes acá, oís la reacción de la gente, y a uno que está sobre el escenario eso le pone las pilas, te motiva.

En el rodaje de Gran Hotel, la exitosa serie española emitida entre 2011 y 2013 por Antena 3, el director le sugirió a Llorenç que observara alguna escena del actor argentino Diego Peretti en la que se lo viera sufriendo. Esa referencia artística lo ayudó a construir el personaje del amable camarero Andrés.

Hoy cuando se entera que en una película actúa Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Ricardo Darín o Érica Rivas, Llorenç se queda tranquilo de que hay ciertas garantías de que la obra le guste. Sin embargo, asegura que no tiene referentes específicos sino que va sacando cosas positivas de todo lo que ve.

Así como en otras décadas muchos actores argentinos migraban y desarrollaban sus carreras en España (es el caso de Héctor Alterio, Miguel Ángel Solá, Eduardo Blanco o Darín), en el último tiempo una nueva camada de jóvenes artistas está llegando a Argentina para trabajar (Albert Baró, Maxi Iglesias, Clara Lago). ¿A qué lo atribuís?

—Hay algo con la tonada española, que todo el mundo te dice que atrae mucho y es curioso porque yo les digo que al revés también pasa: allá en España también nos gusta escuchar la tonada argentina. Supongo que tiene algo de eso, de lo diferente. También tiene esta cosa tan bonita de intercambio porque, aunque podemos ser más o menos hermanos, son culturas muy distintas. Me parece que es interesante ese intercambio y que podría ser mucho más, que no fuera tan extraño de encontrar…

Me parece que es interesante el intercambio entre argentinos y españoles y que podría ser mucho más.

¿Cuáles son tus planes favoritos cuando visitás el país?

—Mi plan cuando vengo acá es seguir recorriendo y conociendo los paisajes naturales. La última vez, por ejemplo, tuve la oportunidad de estar en Ushuaia, en San Martín de los Andes, en Bariloche, y de repente dije: «Bueno, ya conozco un poco más». Pero después dices: “Sí, sí, ¡pero lo que te queda todavía!». Porque no he estado en Mendoza, ni en el Valle de la Luna, ni en San Juan, ni en Córdoba, ni en Rosario… Siempre me queda la excusa de volver y conocer algo más. El año pasado incluso me animé a ir a Perú y a Bolivia. En esta oportunidad después de Argentina me iré a Colombia.

¿Has ido a ver obras teatrales en Buenos Aires? ¿Has prendido la tele y te has enganchado con alguna novela?

—Fui a ver la obra Petróleo, del grupo Piel de Lava, y me fascinó el trabajo de las cuatro actrices que salen en escena (Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes). Televisión no conozco prácticamente nada, no vi mucho porque tampoco tengo el hábito en España. Sí vi en Netflix algunos capítulos de Los Simuladores, me hablaron bastante de ella y la verdad es que me pareció una idea muy original, está contada y desarrollada de manera muy atractiva.

¿Y qué pensás del cine argentino?

—Me gusta bastante porque retrata realidades desde un sitio con mucho humor, que es como es el argentino, quien usa mucho el humor y sobre todo la ironía.

¿Qué es lo que más te hace FlipAr de venir a Argentina? ¿Y de tu profesión?

—Lo que me hace FlipAr de venir a Argentina son sus escenarios naturales, constantemente, aunque lo siga diciendo, me hacen FlipAr siempre. Y de estar en el teatro lo que me hace FlipAr es esa oportunidad de vivir el presente absoluto, eso que a veces cuando te bajas del escenario cuesta más.

Directora Editorial