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Sol Berruezo Pichon-Rivière

SOL BERRUEZO PICHON-RIVIÈRE: “Fue una experiencia increíble ver mi película en San Sebastián, con el idioma original”

Sol Berruezo Pichon-Rivière, la directora más joven en la sección Horizontes Latinos de la 68° edición del Festival de San Sebastián, viajó a España para proyectar su primer largometraje. La realizadora argentina habló con Revista FlipAr acerca del certamen, del cine en pandemia y de las nuevas generaciones.

Texto: Delfina Oliver
Foto portada: Jorge Fuembuena

Sol Berruezo Pichon-Rivière comenzó a escribir Mamá, Mamá, Mamá (2020) cuando tenía 21 años. Recientemente, en plena pandemia, estrenó su ópera prima en Europa y, por primera vez, disfrutó de la película en su idioma original, en el 68° Festival de San Sebastián.

El primer largometraje de esta directora argentina nacida en 1996 se adentra en la intimidad de Cleo quien, atormentada por una tragedia, tiene que convivir con sus tres primas en una casa quinta. Las niñas de pestañas largas pasarán juntas un verano entre silencios y expresiones vívidas.

El filme cuenta con un elenco conformado por mujeres de diversas edades, y una fotografía y música con las que Sol Berruezo Pichon-Rivière automáticamente logra transportar al espectador a un mundo cuidadosamente entramado, en el que la infancia y la preadolescencia toman protagonismo.

¿Cómo fue volver al cine después de tantos meses con las salas cerradas?

—Parecía ciencia ficción. Fue alucinante poder viajar, ir al cine, ¡todo lo que no venía haciendo hace un montón lo pude hacer! Fue una experiencia increíble ver el filme en el cine de San Sebastián. Además, en esta oportunidad vimos la película con el idioma original y se pudieron dar chistes internos en español que no se dan cuando la película se traduce.

¿Qué significó para vos poder estar presente en el Festival de San Sebastián?

—Para mí estrenar mi ópera prima en San Sebastián ya era un montonazo. Aparte de la situación global, poder formar parte de un festival que tiene una selección cinematográfica exquisita, es todo lo que se puede pedir. La aventura pandémica tuvo su ingrediente especial: mi primera experiencia se dio en el marco de un mundo distinto, y fue muy importante estar presencialmente ahí. La presencia del director en las proyecciones tiene un encanto adicional.

Mi primera experiencia en el Festival de San Sebastián se dio en el marco de un mundo distinto, y fue muy importante estar presencialmente ahí.

¿Y cómo fue la experiencia del cine en cuanto a protocolos sanitarios?

—En San Sebastián se aplicó un sistema de cuidado muy estricto. La idea era transmitir que el cine es un lugar seguro. No hubo actividades fuera de las proyecciones este año en el festival. El uso de barbijo fue constante, y siempre se respetó un espacio de por medio entre butacas. Además, todos los asientos estaban asociados a un código QR que registraba los posibles casos. Todo estaba muy contabilizado. Los micrófonos estaban resguardados por un plástico. Mucho cuidado. La realidad es que San Sebastián se la estaba re jugando, entonces estábamos todos poniéndole muy buena onda, porque si no no sucedía.

¿Te parece posible volver al cine con los cuidados adecuados?

—Sí, indudablemente. El cine es de las artes más jóvenes dentro de las artes, y es un arte que en los cien años que tiene ha cambiado muchísimo. Cuando uno decide que se va a dedicar al arte visual, asume que es algo que está en cambio permanente. Pero si bien es verdad que hoy existen nuevos formatos de transmisión de las películas que las hacen más accesibles, el cine es un lugar de encuentro. Además, me parece absurdo que las salas sigan estando cerradas, mientras hay otros espacios con posibilidades de contagio disponibles, como por ejemplo los bares. Para mí cada uno es dueño de los riesgos que quiere tomar, y en el cine si te cuidás no va a pasar nada.

Fuiste la directora más joven en presentarse en Berlinale, y la directora más joven en la sección Horizontes Latinos. En San Sebastián hay un programa especial dedicado a nuevos directores, ¿por qué te parecen relevantes este tipo de espacios?

—Cuando me acerco a un festival lo primero que veo es la parte de nuevos directores. Más que nada para encontrarme con profesionales más arriesgados en las historias que cuentan. Cada país y cada cultura tienen una forma de hacer cine. Me parece muy interesante poblar de nuevas miradas al cine para que no se quede atrapado en lo que fue. Hay que asumir el constante cambio. Así como hay pilares de la cultura que hay que empezar a derribar para formar nuevos, es necesario que la gente que está establecida haga el espacio para que haya nuevas visiones.

Me parece muy interesante poblar de nuevas miradas al cine para que no se quede atrapado en lo que fue. Hay que asumir el constante cambio.

¿Tenías algún miedo al presentarte en el festival?

—Creo que con mi edad las cosas que te pueden doler te duelen más, y las cosas que te pueden alegrar te alegran más que a alguien con mucha trayectoria. Pero también siento que en el cine la película no es sólo del director: es una obra conjunta. Los golpes los sufrís de manera conjunta y las cosas copadas también. Además, el nivel de actuación de las niñas es alucinante, y eso me dio una confianza ciega por más de la posibilidad de crítica. Creo que hay algo muy lindo en el idealismo de alguien que recién se adentra en el mundo del cine. No hay que perder de foco que estamos pudiendo contar historias, y eso ya es un privilegio, aunque también una responsabilidad.

¿Por qué tomaste la decisión de hacer una película producida 100% por mujeres?

—Fue una decisión artística. Todos los personajes eran mujeres, y la película toca temáticas íntimas para las niñas. Sentía que podía ser un lindo experimento hacerlo entre mujeres. Yo tengo tres hermanas más chicas y siempre estuve rodeada de mujeres. Es un ámbito en el que siento que se dan cosas re interesantes y re poderosas, entonces se fue gestando así. También me gustaba la idea de, ya que estaba comunicando algo, por qué no comunicar este experimento que sí funciona y es posible: una película en la que las mujeres cubren todos los roles técnicos.

¿Cómo fuiste armando esta historia?

—Mis primeras ratas de laboratorio fueron mis hermanas. Siempre me interesó retratarlas en momentos cotidianos. Había algo ahí que me atraía, en mostrar ese crecimiento de los cuerpos a destiempo de la cabeza.

¿Tu vínculo con el cine comenzó de chica?

—De chica quería escribir. Llegué al cine cuando me di cuenta de que era un arte que reunía todas las artes y que, además, no te condenaba a la soledad. En el cine hay que poner el cuerpo. Y además, hay que compartirlo y ver cómo se nutre por otras mentes. Sigo aprendiendo y sigo re-elaborando lo que pienso sobre el cine. Es interesante desglosar lo que hago.

Llegué al cine cuando me di cuenta de que era un arte que reunía todas las artes y que, además, no te condenaba a la soledad.

Futuros proyectos de Sol Berruezo Pichon-Rivière

—Ya escribí mi segunda peli, que se llama Nuestros días más felices. Con Laura Tablón, la misma productora que Mamá, mamá, mamá, estamos trabajando para que se pueda hacer y la idea es que la protagonice Matilde, quien interpreta a Leoncia en mi ópera prima. La idea para mí es siempre desafiar la comodidad. Hay mucho prejuicio y temor en hacer cine de género, pero para desarmar hay que saber armarlo primero. Me encantaría jugar a re-elaborar géneros, que confluyan elementos de distinto tipos de narración. Hay algo ahí que me parece divertido y desafiante, y eso me entusiasma un montón.