Cine: Despido procedente (2017) y Mi gran noche (2015)

Texto: Mónica Pérez. Foto: prensa

Quienes compartimos el placer por esas películas españolas en las se escucha algún «boludo» o por las argentinas con ese «gilipollas» que nos recuerda al abuelo que vino a “hacerse la América”, tenemos la posibilidad de encontrar en Netflix títulos como Despido procedente (2017) o Mi gran noche (2015), en las que nuestro ADN parece saltar en esa curiosa y pasional manera de putear.

Texto: Mónica Pérez
Foto: prensa

Cuando nos adentramos más en sus tramas descubrimos que no por nada durante siglos acuñamos la frase de Madre Patria. Y sí, más allá de las discusiones sobre el colonialismo, tantas crisis que nos expulsaron a unos y otros a uno y otro lado del Atlántico nos dejaron gestos, actitudes y valores que resultan familiares.

Por eso, aquí les propongo dos películas que les podrán parecer buenas o regulares, pero que tienen el encanto de retratar esas características hispano/argentinas que por momentos son fascinantes y, por otros, te llevan a pensar: «¿¡Pero por qué no seré sueco o japonés?!».

Aunque ambas son comedias, también revelan el drama que atraviesan las personas por el capitalismo impersonal, ese mundo de corporaciones en las que hay que llegar a los números sí o sí, aunque cientos de personas queden en la calle. O el vacío existencial de un set en el que todo es vanidad y una carrera contra el tiempo para ganar la batalla del rating: otra vez los números por sobre las historias.

A esta altura ya querrás saber de qué va cada una… Te cuento: en Despido procedente, la película de Lucas Figueroa inspirada en la argentina El hombre de al lado (2009), Imanol Arias –un poco “nuestro” desde que filmó Camila (1984)- es Javier, un español residente en Buenos Aires que vive un momento crucial porque lo están por ascender en una empresa de telecomunicaciones. Puede ser la semana más importante de su vida y se prepara con todo, incluso escuchando grabaciones de argentinos para mimetizarse con ese «che, vos, escuchame».

Parece tenerlo todo bajo control: su casa en el barrio cerrado, una joven novia cuya preocupación es aprender a bailar tango y su gente del call center, el área que dirige. Sin embargo, aparece en escena el personaje interpretado por Darío Grandinetti y su vida se pondrá patas para arriba.

Son imperdibles las actuaciones de Hugo Silva quien, con menos escrúpulos que Javier, hace cualquier cosa por ser lo más parecido a un «argento» y así ganarse favores y simpatía; y la de Luis Luque, el típico loco lindo argentino con ese toque “chanta” y amigable.

Esta comedia negra retrata con fidelidad los distintos dilemas que tiene que enfrentar un hombre de valores ante el frío entorno corporativo y los que hacen todo tipo de tretas para hacerlo a un lado.

Vamos ahora con Mi gran noche, un film de Alex de la Iglesia que cuenta con la actuación del legendario y carismático Raphael.  El protagonista es José (Pepón Nieto), un frustrado actor figurante, un extra, que tiene que participar en las afueras de Madrid de una gala especial de Noche Buena o Nochevieja –como les apetezca-.

Cientos de personas como él llevan varios días encerrados y ensayando escenas en un ficticio clima festivo, de música vacua y risas, mientras en el exterior una multitud de trabajadores despedidos de esa cadena de televisión puja por frenar el programa y entrar de manera violenta. Una vez más, la misma situación: por un lado, el mundo de las apariencias; por el otro, el real, el de la desesperación por el paro y el desempleo.

Alphonso (Raphael) es una estrella musical capaz de hacer cualquier cosa por obtener el prime time y se enfrenta a Adanne (Mario Casas), un joven cantante latino que está en la cresta de la ola y al que lo que más le interesa es foll*r/cog*r  –vamos, ¡pongan un poco de imaginación!-.

Acá el toque argento aparece en un personaje secundario pero muy gracioso que hace de representante de Adanne. Con él, todo el acento y las tretas que te imagines con sello sudamericano porque si es necesario lo atamos con alambre pero de los problemas hay que zafar sí o sí. Este pequeño puteador serial resume bien lo que somos los argentinos: acelerados, ingeniosos, malhumorados, pero también con un gran sentido de la lealtad. «Pelotudo, ¿qué hiciste?», es lo que vive preguntando quien por momentos adopta rasgos paternales con su estrella.

También está un matrimonio que se odia, los presentadores del programa, quienes conspiran para matar a Alphonso; y una historia de amor que se da entre José y Paloma (Blanca Suárez), quien a juzgar por los infortunios que se desencadenan a su alrededor no es precisamente de las personas que traen buena suerte.