DON PATRICIO: “Me encantaría trascender y llevar mi música todo lo más lejos posible”

Durante su primera visita a Buenos Aires, charlamos con Don Patricio, el rapero español que se posicionó como uno de los artistas más populares del último verano europeo y que, además de consolidar su carrera solista, forma parte del trío canario Locoplaya.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: gentileza Warner Music Argentina

La escena del rap está cada vez más nutrida en España y uno de sus mayores referentes es Don Patricio, un joven nacido en 1993 en Canarias, donde la conexión con los ritmos latinos es histórica. Fanático confeso del puertorriqueño Bad Bunny, en sus canciones se mezclan sonidos tropicales con la jerga isleña y el buen rollo propio de la playa.

“Contando lunares”, uno de los temas de su primer disco autoeditado, La dura vida del joven rapero (2019), se posicionó como una de las canciones del verano español, con más de noventa millones de vistas en YouTube y varias semanas en el segundo puesto de la lista “Los 50 más virales globales” de Spotify.

Tras publicar “Comunicado de prensa”, el primer sencillo que lanza después de su exitoso debut discográfico, el artista canario visitó por primera vez Argentina, en el marco de la gira latinoamericana de Locoplaya, el trío que desde 2013 conforma con sus amigos raperos Bejo y Uge.

Así como Revista FlipAr pretende ser un puente digital entre Argentina y España, creo que las Islas Canarias vienen a ser como un puente entre lo europeo y lo latino. ¿Cómo se reflejan tus orígenes en tu música?

—En el acento, cuando la escuchas y dices: «Vale, no parece que sea de Madrid». En eso y en las palabras. Yo uso bastantes palabras y expresiones canarias que la gente no sabe lo que significan, y las exploto. Soy consciente de que chocan, de que resultan particulares y originales, y abuso de ellas. Me gusta defender lo que somos y lo que tenemos.

Yo uso bastantes palabras y expresiones canarias que la gente no sabe lo que significan, y las exploto.

¿Algún término o latiguillo que utilices a menudo?

—Lo de “vacilar”, por ejemplo. La canción «Contando lunares», que es la más conocida, dice «vente, vacila un poquito». Es una palabra que se dice mucho en Canarias y significa pasarla bien, disfrutar: «Estamos aquí vacilando con mis colegas».

¿Qué lugar tiene la playa en tu vida? ¿Es tu lugar en el mundo?

—Ahora vivo en Madrid, en la gran ciudad, pero cada vez que puedo vuelvo a Canarias y todo sigue igual. El día de mañana me encantaría tener un monte pero con la playa cerca, ese es mi idílico de cuando tenga mi familia y mis hijos. Mientras tanto, intentaré estar lo más cerca de la playa posible…

En algún momento has dicho que en este momento lo pop es la música urbana y que es una especie de virus que se está propagando y cargando con los demás géneros. ¿Cuál creés que es su diferencial?

—El reggaeton es el virus. Su diferencial es que te hace bailar, es música que te entra muy fácil, un ritmo bastante pegadizo que te mueve y te hace pasarlo bien. Esa es la gracia creo que yo. Pero vamos, habría que estudiar y valorar el fenómeno mucho más porque eso es a grosso modo.

El reggaeton es el virus. Su diferencial es que te hace bailar, es música que te entra muy fácil.

Y has dicho también que hacés rap porque no tenés buena voz y que sino te habrías dedicado a la bachata o a la salsa…

—Sí, soy un cantante frustrado.

Sin embargo, tus canciones se han vuelto virales en países a los que quizás nunca sospechaste que llegarían…

—¡En Japón!

¿Y a qué le atribuís el hecho de que tu música pegue tan fuerte en esos lugares remotos?

—El virus del que hablamos… ¡Que te hace bailar! “Da igual lo que esté diciendo este tío porque suena bien”. La música es universal, si esto te hace bailar entonces da igual dónde lo pongas, si la gente empieza a tararear algo o empieza a bailar sabes que funciona, pues ahí está el éxito yo creo.

Tu último tema es una especie de declaración de principios en el que te plantás frente a la prensa y le decís que los malos comentarios te resbalan. ¿Cuál fue la crítica más dura que has recibido?

—La canción se refiere a que no me gusta que todo el día se fijen o estén hablando de mí, ni ser el centro de la atención. Me gusta estar con mis amigos y pasear por la calle. Ese es el mensaje. Lo que pasa es que ese día tuve un problema con la prensa y puse “prensa” en vez de fama o popularidad… Los comentarios que más me ofenden son los que dicen que soy machista. ¿De qué estás hablando? ¡Si tú no sabes cómo soy yo!

No me gusta que todo el día se fijen o estén hablando de mí, ni ser el centro de la atención.

¿Y cuál fue el que más te ha hecho reír?

—Los comentarios más graciosos son en los que me comparan con políticos o con “el profesor de matemáticas que tuviste en la escuela”, por las gafas.

Se nota que le das importancia a la imagen… ¿Cuánto tiempo le dedicás?

—Pues, si te refieres a mi look, nada, porque yo soy un pasota, no me preocupo por la estética. Llevo el pelo largo y tengo unas gafas, veo que no me parezco a los demás, pero no es algo que haya buscado sino que me siento cómodo así. No tengo un look definido, si mañana veo algo guapo que me gusta me lo pongo y ya está. Ahora estoy todo el tiempo viajando, de un lado para el otro, y ando todo el día en chándal porque es más cómodo. Ya no uso el vaquero, pero el día que me ponga uno intentaré que me guste también, que tenga su flow.

Llevo el pelo largo y tengo unas gafas, veo que no me parezco a los demás, pero no es algo que haya buscado sino que me siento cómodo así.

¿Cuáles son tus referentes de estilo?

—Me gusta mucho Bad Bunny, cómo lleva las redes sociales, cómo viste…

¿Y alguno argentino? ¿Conocés a Paulo Londra, por ejemplo?

—A Paulo Londra todavía no lo he conocido personalmente pero conozco a Ovy on the Drums, su productor, y me cae muy bien. Yo destacaría a Duki, me gusta bastante, ese movimiento que tiene, más underground, más sentido… Es gente que, como yo, nace en Internet, saca sus propias canciones y al final se profesionaliza, se junta con productores y llevan su música por todo el mundo.

Has contado que uno de tus temas, “Porrito en París”, no pudiste monetizarlo en YouTube por entenderse como una apología a las drogas. ¿Cómo te llevás con los filtros que imponen las plataformas? ¿Te frenan o pensás seguir por ese camino en tu composición?

—¡Qué va! Cada vez que me doy cuenta que tengo una canción que me gusta un montón digo «¡hostias, a ver si dice palabrotas!», para poder ir para la radio. La escucho entera y… ¡Joder! Digo cuatro palabrotas en el tema que no se pueden decir, que no pueden entrar en radio. Digo bastantes tacos y no lo pienso. Yo hablo así y me gusta que la canción tenga las expresiones que uso, no intento fingir ni crear nada ficticio, entonces si me entra un «joder» meto un «joder», si me entra un «coño», meto «coño». De hecho uno de los últimos temas que escribí se llama «Cabrón», ese es el título.

En general, al trap y a la música urbana se los considera efímeros, un fenómeno o moda pasajera con fecha de vencimiento. ¿Vos buscás trascender o preferís disfrutar el gran presente que estás viviendo?

—No te voy a mentir… Me encantaría trascender, claro, el día de mañana tener un nombre, ser un artista grande y llevar mi música todo lo más lejos posible. Pero, si no, intentaré no agobiarme en el camino; intentaré disfrutar, que es lo que estoy haciendo, hacer muy buenos amigos y de mayor tener historias que contar.

Me encantaría trascender, el día de mañana tener un nombre, ser un artista grande y llevar mi música todo lo más lejos posible.

Lo que te trae por primera vez a Argentina es el concierto en Teatro Vorterix de Locoplaya, el trío de rap que compartís con tus amigos canarios Bejo y Uge. ¿Te gustaría venir en algún momento con tu proyecto solista?

—Llevo desde 2016 dando conciertos con Locoplaya, viviendo de eso de forma autónoma, y hay mucha gente que nos llama, «vénganse pa’ acá», «una gira», y nunca habíamos podido. Entonces ahora, aprovechando el momento, vinimos a Chile, Uruguay y Argentina, y dijimos: «Vamos a ver qué tal sale». Hace mucho tiempo que no sacamos canciones, yo he priorizado más bien mi proyecto en solitario, pero decidí venir con el grupo porque el público lleva mucho tiempo reclamándonoslo.