¡Llegamos a Telegram! Haz click aquí y suscríbete al canal para recibir todas nuestas novedades.
Jordi Casanovas

Jordi Casanovas, el dramaturgo que retrató el brutal caso de “La Manada”

Jordi Casanovas, guionista de Jauría, habló con FlipAr acerca de esta obra basada en el caso español “La Manada”, que se presenta en el Teatro Picadero de Buenos Aires con dirección de Nelson Valente.

Texto: Delfina Oliver

Jauría - Jordi Casanovas

Jordi Casanovas tomó las transcripciones que se hicieron del juicio a los cinco amigos españoles acusados de violación grupal, autodenominados “La Manada”, y las convirtió en un retrato brutal que decidió presentar en formato teatral bajo el título de Jauría.

Tras haber logrado una gran repercusión en España, que incluyó varios premios, la obra del dramaturgo catalán ahora se presenta en el Teatro Picadero de Buenos Aires. La dirección es del argentino Nelson Valente y las actuaciones, de Vanesa González, Martin Slipak, Gustavo Pardi, Gastón Cocchiarale, Lucas Crespi y Julián Ponce Campos.

¿Cómo estás viviendo, a la distancia, el estreno de Jauría en Buenos Aires?

—Desde Cataluña, voy recibiendo la respuesta del público y de la crítica, y la verdad que todo va muy bien. Mi gran inquietud era saber cómo funcionaba e impactaba una historia tan local y española en otros países. Creo que el caso de “La Manada” marca un punto de inflexión en la justicia española y se convirtió en un referente en todas partes. Sin dudas, todos estos meses de espera nos han hecho redefinir y resignificar los proyectos, y sobretodo recuperarlos con muchas ganas y mucha necesidad de teatro. Sentir que de nuevo estreno una función en Buenos Aires me hace muy feliz.

El caso de “La Manada” marca un punto de inflexión en la justicia española y se convirtió en un referente en todas partes.

¿De qué manera se resignificó la obra con la pandemia?

—Personalmente, en la función española, los cambios partieron de una emotividad más agudizada, seguramente a raíz de estos meses de pérdidas, de confinamiento, de no poder actuar. Creo que las funciones, aunque con aforos más reducidos, siguen siendo muy intensas. Esta obra pide que los actores sean intérpretes muy comprometidos, que lo dejan todo por contar la historia, y no por conseguir hacer brillar personalmente un personaje.

¿Cómo es tu vínculo con el equipo argentino? Con Nelson Valente ya habías trabajado en la obra I.D.I.O.T.A, en México…

—No hemos tenido la fortuna de coincidir con Nelson, pero me interesan mucho los textos teatrales que ha escrito. Vi obras teatrales como El loco y la camisa, y creo que tenemos algún parecido: entendemos el teatro como algo que tiene que llegar por la emociones. En ese sentido, creo que hay una buena conexión. Desde mis primeros pasos profesionales ya destacaron desde la crítica, y personalmente lo reconozco, muchas influencias de dramaturgia argentina, como es el caso de Javier Dote o de Rafael Spregelburd.

Jauría cuenta una historia que también funciona en otras zonas de habla hispana…

—El caso va más allá de lo local, se trata de una situación desgraciadamente demasiado corriente. Víctimas de agresiones sexuales ven cómo en un juicio son expuestas, tratadas e interrogadas con una contundencia excesiva. La justicia debería proteger a las personas denunciantes, pero los prejuicios culturales –en donde hay sesgos machistas a la hora de valorar las relaciones sexuales- hace que las víctimas se sientan poco protegidas y acompañadas. Esto se vive en la función, y creo que eso es universal, una sensación de desamparo contra la que tenemos que luchar todos.

Los prejuicios culturales, en donde hay sesgos machistas, hace que las víctimas se sientan poco protegidas y acompañadas.

En tus palabras, la idea de crear una conciencia en el espectador es relevante en este caso. Hablaste de “crear un punto de vista más complejo, menos simplista”. ¿Cuál deseás que sea la primera duda con la que pueda salir un espectador?

—Más que una duda creo que es una serie de preguntas que se lleva el espectador. Durante la obra, lo vamos posicionando, valorando moralmente las acciones de los personajes. En ese proceso de tambaleo nos damos cuenta que el juicio está constituido a partir de muchos prejuicios. Aunque estemos convencidos de que somos personas empáticas y que no nos podemos considerar personas parecidas a los acusados, a mí me interesa que nos encontremos en un mismo lugar. Porque los acusados no dejan de ser personas corrientes, que podemos encontrarnos, ellos no creen que están haciendo nada mal, incluso creen que están haciendo lo que deben como machos, como parte de esta manada autonombrada.

¿Creés que Jauría tiene el mismo impacto en hombres y mujeres?

—La obra tiene un impacto distinto en el público masculino y en el público femenino. Las segundas pueden encontrar en esta historia el resultado de haberse unido, de haber luchado, de haber tomado las riendas e intentar provocar cambios en la justicia. Lo que me interesa lograr en los hombres es la mirada de redefinición, de reevaluar cosas que antes dejábamos pasar en la manera de mirar, no solamente este material, sino toda la masculinidad.

Lo que me interesa lograr en los hombres es la mirada de redefinición, de reevaluar cosas que antes dejábamos pasar.

¿Buscás incomodar al público masculino?

—La palabra no sería incomodar, sino precisamente acompañar a descubrir lo que internamente creemos que no tenemos, pero que sí tenemos. Esa raíz, esa cultura de la violación que desgraciadamente está muy arraigada en el pensamiento masculino por muchos, muchos años de valoración positiva de la violación como herramienta de poder, e incluso en el imaginario el deseo de poder.

¿Qué fue lo que te hizo apostar por un guión basado en un juicio?

—Me acerqué a las transcripciones del juicio a “La Manada” no con el convencimiento de que podía surgir una obra de ahí. Era un caso tan conocido y tan sobreexpuesto aquí en España, que seguramente ya teníamos toda la información. Lo interesante fue que lo que definía a los personajes eran los pequeños detalles que los periódicos habían dejado pasar, seguramente porque no resultaban lo más llamativo…

¿La elección de representar el juicio con los diálogos reales entonces estuvo ligada a la búsqueda de esos “pequeños detalles” en las líneas de pensamiento de los acusados? ¿Qué encontraste en ellos para convertirlo en obra teatral?

—Lo que me dio la pista de que se podía convertir en una pieza teatral fue descubrir cómo ellos narraban el final de la violación: no dicen ni adiós. Es en este gesto tan pequeño que reside toda la violencia y el menosprecio de estas personas respecto a esta mujer u otras mujeres. La otra razón fue, sin duda, ver que los abogados de la defensa interrogaban más exhaustivamente a la víctima que lo que se llegaba a hacer desde la fiscalía a los acusados. Se convertía para mí en una segunda violación, una violación psicológica y moral.

Los abogados de la defensa interrogaban más exhaustivamente a la víctima que lo que se llegaba a hacer desde la fiscalía a los acusados.

¿Por qué, desde tu mirada, es relevante que el público argentino vuelva al teatro y, específicamente, vaya a ver Jauría?

—Creo que es relevante que el público vaya a ver cualquier obra de teatro en una situación como la que nos está provocando la pandemia, de alejamiento de los unos con los otros, de imposibilidad de intercambio de pensamiento. El teatro es ese lugar ancestral donde nos hemos podido siempre comunicar emocionalmente, al que necesitamos regresar para sentirnos nuevamente comunidad.

 


Jauría tiene funciones los jueves, viernes y sábados a las 20 horas, en el Teatro Picadero (Enrique Santos Discépolo 1857, Buenos Aires). El precio de las entradas es de $1500 y se pueden conseguir aquí.

Te recomendamos
Miguel Ángel Solá y el riesgo de los actores sin red