Paez en casa: ¿Quién dijo que todo está perdido?

Desde el living de su casa, el artista argentino Fito Paez dio un concierto de más de una hora que llegó a miles de hogares del mundo, con un repertorio de quince temas que hablan de los males de la humanidad pero también de las ansias de libertad y de la esperanza.

Texto: Pilar Muñoz

Aunque por ahora la pantalla sólo muestre una habitación vacía, en la transmisión de Instagram el número de conectados sube de a miles por segundo. Faltan sólo tres minutos para que los relojes argentinos marquen el horario pautado para el inicio de “Paez en casa”.

El escenario es sencillo pero elegante. Una fonola, un sillón rojo y una larga cortina azul que pareciera hacer las veces de telón son los pocos elementos que resaltan en el ambiente. El concierto de Fito está por comenzar.

A las 21:30, ni un minuto más ni un minuto menos, el artista rosarino aparece finalmente en pantalla. Lleva una remera colorida y a Mozart, su gato color azabache, en brazos. No tarda en sentarse al piano y, para total deleite de sus treinta mil espectadores virtuales –sólo contando los de Instagram-, empieza a entonar una nostálgica “Mariposa tecknicolor”.

“Hoy ya no se ni qué día es, quedé solo otra vez”, cantará más resacoso después, en medio de “Los días de sonrisas, vinos y flores”, un tema perteneciente a Rock and Roll Revolution (2014), que hoy es un fiel retrato de cómo vive el aislamiento mucha gente alrededor del mundo.

Al momento de tocar “11 y 6”, esa historia de amor que relató en Giros (1985), los espectadores instagrameros ascienden a más de treinta y cinco mil, en busca quizás de ese “Cable a tierra” que significa el arte de Paez un viernes de cuarentena. Como en aquellos días de mediados de los ochenta en los que un veinteañero Fito publicaba su segundo disco, propone: “Y si tu corazón ya no va más, si ya no existe conexión con los demás, si estás igual que un barco en alta mar, tirate un cable a tierra”.

—Me parece muy importante que estemos, todos los que podemos estar, adentro de casa. Y que pensemos también en todas aquellas personas que no tienen un techo —dice, en un llamado a la solidaridad que después completará con la lectura de una carta de Fundación Sí, ONG que se ocupa de las personas en situación de calle.

“Uh! La libertad no sabe ni quiere esperar”, exclama minutos después en “Resucitar”, primer sencillo de La Conquista del Espacio (2020), su lanzamiento más reciente. La frase, escuchada ahora, cobra un sentido totalmente distinto al que tenía cuando el tema fue publicado, en febrero pasado. Hoy parece un augurio del clima casi apocalíptico que se vendría.

—Ahora nos vamos a Brasil un ratito —pasa las hojas de una carpeta-cancionero que tiene arriba del piano y, así, en un portugués que se deja entender perfectamente, interpreta una deliciosa versión de «Desde que o samba é samba», canción perteneciente al álbum Tropicalia 2 (1993) de Caetano Veloso y Gilberto Gil, que el argentino suele interpretar seguido.

“¿Cómo creen que se puede arreglar un mundo donde todos llevan la razón?”, se preguntará en “La canción de las bestias”, otro de los temas de La Conquista del Espacio.  Lo curioso es que, en 2020, la sociedad que describe no es muy distinta a la del tema que seguirá en su repertorio, “Al lado del camino” (Abre, 1999), escrito “en tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos”.

—Están escuchando en México y quiero tocar un tema de Armando Manzanero que conocí gracias a mi padre —dice después de interpretar y dedicarle a sus hijos Margarita y Martín “El cuarto de al lado” (Rodolfo, 2007). Cuenta que la canción que sigue tuvo el honor de tocarla junto al cantautor mexicano arriba de un escenario, experiencia que, según confiesa, vivió con un nudo en la garganta. La obra es “Esta tarde vi llover”.

En un acto que, asegura, no está guionado, Fito abre su cancionero una vez más y ahora encuentra una canción de Violeta Parra que dedica al público chileno. Se trata del clásico “Gracias a la vida” (1966), un himno a la esperanza que ha sido popularizado en el mundo hispanohablante gracias a la versión de 1971 de la argentina Mercedes Sosa pero que, también, en 1974 ha trascendido a Estados Unidos por la versión de la legendaria Joan Báez.

En una transmisión que –entre todas las plataformas de streaming- roza los cien mil espectadores, los aplausos virtuales del público en forma de emojis y lluvia de corazones se multiplican cuando Fito canta la popularísima “Dar es dar”, a la que le seguirá una versión de  “Ring them bells”, de Bob Dylan.

“Prepararnos para un nuevo mundo” es de lo que habla la canción que da el título al último lanzamiento de Paez y que marca el comienzo del cierre de la transmisión. “¿Quién dijo que todo está perdido?”, reforzará después en “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Con ese último tema, Paez deja un mensaje esperanzador, la idea de que lo que ocurre puede ser el comienzo de una humanidad nueva y mejor.