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Beret Argentina 2026

Beret, el sevillano que emocionó al Papa Francisco: “Los argentinos tienen mucha sensibilidad, les cuesta menos mostrarse vulnerables”

Beret volverá en mayo a Argentina para presentar Lo bello y lo roto (2025), su tercer disco de estudio, compuesto entre Buenos Aires y España. El artista sevillano dialogó con FlipAr sobre la mística del cuarteto, su encuentro con el Papa Francisco y sus próximas colaboraciones.

Texto: Aylén Buffone

El reloj marca la una del mediodía. Del otro lado de la pantalla aguarda Beret,  quien desde hace una década transforma inquietudes universales en sentimientos individuales. Su estética une la melancolía de Sevilla con el desamparo bailable. En esta charla exclusiva con FlipAr, el cantautor desmenuza nuevas vivencias y próximos pasos.

—¿Cómo te sentís al visitar con tu música nuevas ciudades y qué te atrae de volver a Argentina?

Hacer una gira tan extensa me parece algo súper mágico, nunca hubiera pensado cantar en ciudades como Dublín o París, sobre todo que hubiera gente allí que me escuchara. Cuando veo que se están vendiendo las entradas flipo muchísimo y me parece algo increíble. Tener la posibilidad de volver a Argentina después de tantísimos años, sea con la gira o de vacaciones, me parece súper bonito. Siempre canto en Buenos Aires y esta vez iré por primera vez a Córdoba y a Rosario. Encontrarme con gente que lleva  diez años escuchándome, desvirtualizarla y darles un abrazo va a ser algo súper mágico.

—¿Tenés alguna anécdota especial en Buenos Aires, algún amor esporádico o un local que te haya enamorado al que vas siempre cuando volvés a la ciudad?

Hay un estudio en Avenida Scalabrini Ortiz que es donde siempre voy a componer con Martín. Ese sitio para mí es mágico. Llegar y sentir el olor de la humedad… Es como que estoy en casa, te lo juro de corazón. Hay algo ahí que yo siento que es el sitio donde tengo que estar escribiendo. Es una sensación y el recuerdo de haber disfrutado ahí, estando con amigos, de risas y haber sido yo.

—Has colaborado con Martín Dlugonoga, productor y artista argentino en dos canciones, “Hola, ¿qué tal?” y “Si te vuelvo a llamar”. ¿El oído argentino le queda bien a tu forma de componer o fue simplemente que hubo buena onda y surgió la idea de trabajar juntos? 

La vibra, la circunstancia, estar allí… Él es muy buen amigo mío. Creo que se suma un poco todo y eso hace que realmente salgan las canciones. Porque a veces ya no es la técnica o lo profesional que sea, lo bueno que sea tocando algo, sino la vibra del momento. Y creo que con él y en Buenos Aires, en esos momentos donde escribí las canciones, tenían que salir sí o sí, o sea, todo aspiraba a eso.

—Unidas por la melancolía, la cultura sevillana se parece a la argentina, ¿sentís que el público argentino te entiende mejor que otros justamente porque compartimos ese “gen” melancólico o simplemente que hay onda?

Creo que vosotros sois personas con muchísima sensibilidad y las veces que he ido a cantar a Argentina la gente fue capaz de transmitirlo. Creo que sois personas que exteriorizáis mucho y que a lo mejor os cuesta menos mostrar esa vulnerabilidad, por lo menos es lo que yo he sentido. No sé si es mi público o de forma general, pero en otros sitios la gente me escribe más lo que siente y me habla poco en persona. Y en Argentina quien me cuenta algo me lo cuenta todo en persona, me llora en persona y me abraza en persona. Eso es una cosa que yo vivo súper guay porque digo: joder, qué bonito poder ya no verbalizarlo, sino poder expresarlo de tal forma teniéndme aquí delante. Creo que en Argentina se vive eso, personas que buscan hacerse un huequito dentro de mi música y poder vivir ahí. Eso es lo que siempre he sentido.

En Argentina se vive eso, personas que buscan hacerse un huequito dentro de mi música y poder vivir ahí.

—Debe ser un poco chocante ese intercambio con los fans, tan cargado de emoción, cómo tu música los atraviesa y vos te debés quedar como diciendo: “Yo escribí eso y te entiendo, entiendo el dolor”.

No, no, incluso no lo entiendo, porque yo puedo escribir una canción por algo y a ellos les representó otra cosa. De hecho, hay canciones mías que a veces hay personas que me han contado: “Esto a mí me recuerda una etapa con las drogas” y yo digo, hostia, pues no te entiendo porque para mí es completamente diferente, yo la escribí por otra cosa. Así que sí, es bonito. Distintos significados para una misma cosa.

—En una entrevista te preguntaron qué género te gustaría explorar, para dónde te gustaría  encarar en algún futuro, y nombraste la cumbia argentina.

Igual el cuarteto me encantaría. De hecho, voy a hacer un tema con La Konga. Estoy deseando hacer la canción. He estado escuchando mucho cuarteto, a Luck Ra, a los Q’ Lokura, a La Konga. Desde hace tiempo, cuando he estado allí de vacaciones y tal, es lo que más suena. Y he pensado: “Hostia, en realidad es una cosa que me gustaría mucho”. Aparte han hecho varias versiones de canciones antiguas mías en cuarteto y en cumbia, así que sé que puede sonar guay.

—Empezaste de una forma muy atípica, debutaste para un montón de personas, subiéndote a un escenario de una, sin escalas previas. Y hace poco, en 2023, viviste otro hito:  cantar “Superhéroes” en el Vaticano, ante el Papa Francisco, junto al italiano Mr. Rain. ¿Qué pudiste contarle a Francisco sobre el origen de esta letra?

Tampoco creas que pude hablar durante una hora con el Papa. Todo eso está súper medido. Tuve la posibilidad de saludarlo y de darle las gracias por poder cantar en el Aula Nervi. Me comentó que había escuchado mi música y que le gustaba la unión que transmitía mi canción. No pude sentarme a hablar con él de la vida. Ojalá, me hubiera encantado, pero no.  Además, recuerdo que estaba un poco mal de salud, vino en silla de ruedas y tuvieron que llevárselo.

El Papa Francisco me comentó que había escuchado mi música y que le gustaba la unión que transmitía mi canción “Superhéroes”.

—Dentro de Lo bello y lo roto (2025) hay un concepto japonés del que venís hablando mucho: kintsugi, que lo relacionás con la resiliencia. ¿Es un concepto que se viene  gestando y arrastrándose desde tu anterior álbum –Resiliencia (2022)- o es algo que salió ahora, a medida que escribías las canciones? ¿Cómo llegaste a ese lugar?

Realmente no fue algo premeditado, porque, de por sí, no me gusta  planificar los discos. Me gusta más trabajar el single y cuando tenga muchos singles buscar un punto en común entre todos. Creo que si premedito un disco me acabo obligando a sacar X número de canciones, en X plazos y no me gusta frivolizar el proceso. Me gusta hacerlo con el corazón. Es algo que me di cuenta después, cuando tenía ya todas las canciones, que el kintsugi era un arte que ya conocía y que identifica completamente el motor de mi música, que es hablar de la inteligencia emocional y de la resiliencia.

—¿Creés que en algún momento vas a salir de esa melancolía de las baladas o es un lugar en el que te sentís cómodo? Porque venís del rap, que es expresión pura y es también denuncia social, pero vos te fuiste para otro lugar, ¿te ves haciendo otra cosa? 

Me veo haciendo un poco de todo, aparte de baladas y tal. [En Lo bello y lo roto (2025)] también hay uptempos, hay canciones alegres; creo que quien va a un concierto mío y me conoce hace tiempo, sabe que viene también a saltar, a reír. Porque, aunque lo conocido mío sean las baladas, también está “Porfa no te vayas”, “Sí por mí fuera”, “Cupido”-que es una nueva-, o sea, creo que hay una diversidad grande en mi música. Es verdad que muchas veces he sido conocido por las baladas y creo que muchas veces se me ha etiquetado por eso, pero bueno. Mi último tema es un reggae, junto a Fede Caimorolo, un cantante de rap y reggae de aquí de España. Siempre voy a hacer lo que me nazca realmente, no pienso tanto en eso.