David Solans

DAVID SOLANS: “Trabajar desde chico me sirvió para darme cuenta de que el instituto era una burbuja”

El actor catalán David Solans, conocido en Argentina por haber interpretado a Bruno Bergeron en la serie Merlí y por haberse sumado recientemente al elenco de Las del hockey, habló en directo con Revista FlipAr acerca de sus variadas facetas artísticas, de sus recuerdos de la infancia, de cómo vivió su primer papel en plena adolescencia, de los proyectos creados en cuarentena y de sus deseos de visitar Latinoamérica.

Texto: Pilar Muñoz
Foto portada: Iñigo Awewave (@awewave)

A fines de los noventa, mientras los adultos hacían sobremesa, el pequeño David Solans creaba con su hermana las historias que luego representarían en el living de su casa. A veces se pasaban la tarde doblando trocitos de papel que simularan palomitas y hacían de cuenta que tenían un cine. En otras funciones, recreaban una escuela. “Hubo una época en la que mi hermana decidió que mi rol era hacer del perro”, se ríe, y explica que ella, al ser mayor, era “la que llevaba la batuta”.

Hoy David recuerda esos momentos de la infancia con aprecio y destaca que creció en una familia en la que siempre se incentivó en los niños la creatividad, el “pasártelo bien con algo que no fuera la play” y el trabajo en equipo. Quizás fue esa conexión familiar tan fuerte la que hizo que, de grande, el catalán indagara en su árbol genealógico y descubriera que sus grandes pasiones, la interpretación y la música, eran también las de sus antepasados.

“Estudiar a la familia es algo muy bonito, sobre todo en esta generación en la que hay tanto TikTok”, asegura, y cuenta con asombro que, en esos momentos compartidos con su abuela, encontró unas cintas antiguas en ocho milímetros que se parecían muchísimo a los videos que hacía él de pequeño con una cámara doméstica.

Estudiar a la familia es algo muy bonito, sobre todo en esta generación en la que hay tanto TikTok.

Es que, desde chico, David se fascinó por el universo audiovisual y eso explica un poco el hecho de que hoy, devenido en un actor reconocido a nivel internacional, también trabaje en la dirección de proyectos, en guiones y hasta en producción musical.

David Solans tenía apenas dieciséis años cuando le llegó su primera oportunidad laboral, en la película Hijo de Caín (2013), una experiencia que marcó su vida. A diferencia del “cole”, en el cine David descubrió que las cosas se hacían con el corazón: “Me sirvió para saber que fuera del instituto había otra manera de funcionar, yo antes pensaba que eso era una antesala de la vida y que si no te querían o no te respetaban ahí tampoco lo harían afuera, pero me di cuenta de que el instituto era una burbuja”.

Antes pensaba que el instituto era una antesala de la vida y que si no te querían ahí tampoco lo harían afuera, después me di cuenta de que era una burbuja.

Durante los tres meses que duró el rodaje de ese thriller psicológico en el que interpretó a Nico, un adolescente antisocial obsesionado con el ajedrez, David saboreó la adultez. Rodeado de luces, cámaras, grúas y profesionales de la actuación como José Coronado, aprendió a ser autosuficiente, a organizar sus tiempos y sus obligaciones. Por eso le costó regresar al colegio y a sus imperativos: “Fue casi tan raro como salir a la calle y ver a todo el mundo con mascarillas; lo vi como si fuera una especie de maqueta, algo pequeño, todo de broma”.

A los dos años de esa experiencia iniciática, en 2015, llegaría Merlí, la serie catalana escrita por Héctor Lozano que lo proyectaría a nivel internacional. Allí tendría el papel de Bruno Bergeron, hijo del díscolo profesor de Filosofía, un chico que sufría por no aceptar su homosexualidad y que practicaba danza clásica a escondidas de sus compañeros del instituto Àngel Guimerà.

Como su padre de la ficción, hoy David piensa que, en una era en la que cualquier información está a un click de distancia, se le debería enseñar a los jóvenes cosas básicas y fundamentales para la vida: desde cómo freír un huevo, poner una lavadora o hacer la declaración de la renta, hasta cómo meditar, comer sano o saber lo que te gusta. “Conocerse a uno mismo es como conocer tu coche: hay que saber cómo funcionas, con virtudes y defectos”, sostiene.

Conocerse a uno mismo es como conocer tu coche: hay que saber cómo funcionas, con virtudes y defectos.

Ese trabajo de autoconocimiento seguramente ayude a David Solans a mantener la cordura en su profesión, por la cual debe encarnar a personajes muy distintos en cortos períodos de tiempo. En el lapso de pocos años, interpretó también a Óscar en Bajo sospecha (2014), a Martín en El Punto Frío (2018), a Dani en Boca Norte (2019), a Quim en La caza. Monteperdido (2019) y a Ricard en Las del hockey (2020), entre otros. Según cuenta, nutrirse de distintas experiencias es algo primordial a la hora de construir un personaje. “Con Bruno vi unas cien películas con la temática de la homosexualidad, cambié la forma de vestir e iba a sitios donde no iba normalmente”, revela.

Con Bruno vi unas cien películas con la temática de la homosexualidad, cambié la forma de vestir e iba a sitios donde no iba normalmente.

Otra de las claves, asegura, es desarrollar la imaginación. Así, por ejemplo, cuando tuvo que hacer una prueba en la que debía dar vida a un chico que estaba en un reformatorio escribió sus diarios durante ocho días seguidos, o cuando le tocó hacer de psicópata en Hijo de Caín imaginó que el abuelo del personaje tenía una carnicería y que por eso le gustaba la carne.

De Merlí, David Solans destaca el gran entrenamiento actoral que tuvieron antes de rodar la primera temporada. Según cuenta, a pesar de ser “chavalitos”, casi todo el elenco tenía bastante experiencia y supieron aprovechar los dos meses de ensayo previos. “Hicimos mucho trabajo de campo, dos días a la semana ensayábamos y los otros días ya nos encargábamos nosotros de estar juntos”, cuenta acerca de esa gran familia que se formó, y confiesa que, después de tantos ejercicios de improvisación y de creación de antecedentes, terminaron llamándose por los nombres de sus personajes: “La veía a Tania y ya teníamos tantos recuerdos en la cabeza, que eso aparece en cada escena”.

En Merlí hicimos mucho trabajo de campo, dos días a la semana ensayábamos y los otros días ya nos encargábamos nosotros de estar juntos.

Hoy David no dudaría en incorporar ese coaching a cargo de profesionales en sus proyectos como director. Es que hace varios años comenzó a hacer diseños de sonido para obras de teatro y luego terminó fundando Fábrica Mudita, un local barcelonés que es una especie de incubadora de proyectos en la que escribe, produce y dirige junto a otros colegas, y que pretende convertirse en un movimiento colectivo de creación, como fue la Generación del 27 en España o el Instituto Di Tella en Argentina.

“Mi gran defecto es que me canso muy rápido de las cosas”, confiesa el catalán, y explica que cada vez se pregunta menos a qué se quiere dedicar y simplemente hace lo que surge. En el ámbito musical, por ejemplo, hace poco trabajó en la banda sonora de Drama, la serie protagonizada por su colega Elisabet Casanovas –Tania en Merlí-.

Durante el confinamiento, luego de algunas semanas de angustia e incertidumbre, David Solans pudo capitalizar el encierro en su piso de Barcelona escribiendo rap –otra antigua faceta suya- y trabajando junto a su compañera en la adaptación de una obra de teatro a serie. “Se llama Mimi Loves London y está basada en una historia real que le pasó a Mireia (Oriol) cuando se fue a estudiar interpretación a Londres”, adelanta acerca de esta obra para la que estuvieron escribiendo ocho horas diarias durante cuarenta días, y cuenta: “A partir de ahí, hemos creado una ficción muy alocada y estamos intentando moverla por alguna plataforma, tiene buena pinta”.

Mimi Loves London, la serie que escribimos durante la cuarentena, está basada en una historia real que le pasó a Mireia cuando se fue a estudiar a Londres.

David manifiesta su deseo de que este proyecto, como los otros, también llegue a Argentina, país que le gustaría visitar pronto y en el que se ha formado un gran fandom suyo a partir de su trabajo en Merlí y en Sapere Aude, el spin-off: “Tengo muchas ganas de viajar a Sudamérica, tengo medio corazón allí”.

Según dice, lo que más le alegra de la popularidad de la serie de Héctor Lozano es que el mensaje haya llegado a mucha gente, aunque reconoce que extraña un poco el anonimato de aquel David niño que buscaba la atención entre sus mayores: “A veces me siento en un parque, veo que la gente me empieza mirar y me pongo nervioso, yo no siento que haya hecho nada extraordinario, pero es un orgullo que me reconozcan por algo bonito”.