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Mi chica revolucionaria

Mi chica revolucionaria (2014), de Diego Ojeda

En su segundo poemario, Mi chica revolucionaria (2014), el poeta y músico canario Diego Ojeda desnuda cada recoveco de su alma y contagia al lector sus ganas de animarse, sacudir los miedos y vivir la vida.

Texto: Pilar Muñoz

Mi chica revolucionaria“Desnudar mi alma en público es una de mis manías”, reconoce Diego Ojeda en uno de los poemas de Mi chica revolucionaria (2014). Al momento de escribir este segundo poemario, después de A pesar de los aviones (2011), ya no tiene ataduras.

Quizás haya miedos, dudas e inseguridades, pero el artista canario no deja que estas lo paralicen ni que le roben oportunidades. En los distintos versos de la obra, demostrará que está dispuesto a seguir saltando charcos como cuando era niño, a empaparse el alma sin dudarlo.

Puede que antes viviera deprisa, ahora quiere saborear la vida, al lado de su “chica revolucionaria”. Habla de ella sin idealizarla; la pinta un poco excéntrica, justiciera y comprometida, pero “ninguna heroína de cómic”.

Diego Ojeda sabe situarse en el lugar de compañero. Se preocupa cuando no le avisa que llegó o cuando le habla de romperlo todo. “Pero ella es libre”, entiende, y se aleja de una actitud paternalista o moralizante. Su libertad, de hecho, es lo que lo enamora.

Voy en el metro pensando
que tengo pareja y soy libre
porque es una chica que brilla
Que no se conforma y que grita
cuando una injusticia le araña.

Y algo tan simple como eso, en una sociedad tan desequilibrada, conquista. Porque a veces nos acostumbramos a que intenten detenernos, hacernos “reflexionar”, cambiarnos. El canario respeta y confía en su compañera.

Dicen quienes lo conocen –tanto Elvira Sastre, en el prólogo, como Pedro Andreu, en el epílogo- que Diego Ojeda es de esas personas entrañables que uno quiere tener a su lado. En el poema que le dedica a su difunta suegra –a la cual no conoció más que a través de los recuerdos de “su chica”- esa ternura llega al lector.

Y, entre versos de amor, el poeta y cantautor también habla de heridas, de ansiedad, de terapia, de rutinas. En fin, de la vida, en la que siempre, siempre, se cuela la poesía. Hasta cuando viaja en metro, rimando, en unas líneas que se leen casi cantando, como si fuera un rap.

A quien no acostumbra leer poesía, acercarse a la obra de Diego Ojeda le resultará amigable. Su escritura eleva sin necesidad de edulcorar ni hacer firuletes lingüísticos. Llega al alma por su contundencia y por no guardarse nada; por elegir “dejar los miedos en punto muerto y la felicidad en primera”.

 


Mi chica revolucionaria, de Diego Ojeda, fue editado en España por Mueve Tu Lengua y se consigue en Argentina a través de Granica.

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