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Travis Birds

Travis Birds, una artista de alma libre que propone un viaje al interior de la naturaleza humana

Travis Birds, una de las artistas emergentes más deslumbrantes de la escena española, lanzó recientemente La costa de los mosquitos (2021), su segundo disco. La cantautora madrileña habló con Revista FlipAr acerca de sus comienzos en la música, de las grandes oportunidades que se le presentaron y de su trabajo junto al argentino Kevin Johansen, único artista invitado de su nuevo material.

Texto: Pilar Muñoz

“Cuando yo empecé no tenía la pretensión de dedicarme a la música”, confiesa Travis Birds, a poco más de un mes de haber lanzado La costa de los mosquitos (2021), su segundo disco. Al principio, dice, simplemente encontraba en la música un espacio que le daba una libertad absoluta: “Era donde me apetecía estar cada tarde, sentarme con la guitarra e investigar”.

Fue a los diecinueve años cuando se dio ese flechazo, una búsqueda que fluyó de manera natural, sin presiones ni demasiadas expectativas. Antes, de más chica, había encontrado en la danza ese canal de expresión, pero la música le parecía algo difícil, “un muro imposible de escalar”.

Sin embargo, a partir de su primera incursión discográfica con Año X (2016) –material que financió a través de una campaña de crowdfunding-, su nombre fue tomando más y más fuerza. Hoy, con treinta y un años, la cantautora madrileña se posiciona como una de las artistas emergentes más deslumbrantes de la escena española.

En 2019 se dieron dos hechos que propiciaron ese devenir. Por un lado, su canción  “Coyotes” fue elegida para la banda sonora de El embarcadero, la serie de Movistar+. Por otro, Travis fue invitada a participar en un disco homenaje a Joaquín Sabina, junto a figuras de la talla de Alejandro Sanz, Vanesa Martín o Pablo Alborán.

¿Qué rescatás del hecho de haber empezado en la música más tarde que la mayoría de los artistas?

—Creo que la ventaja fue que yo estaba en un momento vital en el que entendía esto de una forma súper libre, que hizo que de repente todo se disparara y encontrara esa pasión. Es verdad que, cuando finalmente decides dedicarte a la música, al principio tienes cierto vértigo… Piensas que ya tienes veintitrés años y que todavía no te ha pasado el golpe fuerte, pero yo creo que hay que alejarse de esos prejuicios en cuanto a la edad, yo quiero verlo como algo positivo. Probablemente, conociéndome, si me hubiera llegado antes me habría frustrado.

¿Cómo fue la experiencia de reinterpretar la mítica “19 días y 500 noches”, en el álbum Tributo a Sabina. Ni tan joven ni tan viejo (2019)?

—Al principio, cuando me lo propusieron y me pasaron la lista de artistas que iban a participar, decía: “Se han equivocado, no puede ser”. Yo era la más desconocida del grupo y me costó creérmelo. Después, cuando leí la letra, fue un subidón increíble; me parecía que estaba escrita con un gusto brutal. Fue fácil hacerla de la mano de Benjamín Prado, que es muy amigo de Joaquín y podía intuir cómo se lo iba a tomar. La canción me la preparé como si fuese la ex novia de Sabina, intentando conservar mi esencia como intérprete pero buscando representar ese papel. Fue muy divertido y tuvo una acogida que no me esperaba: nunca había hecho algo así, rodeada de gente tan grande. Fue un impulso para mi carrera, un escaparate grande.

Participar en el tributo a Sabina fue un impulso para mi carrera, un escaparate grande.

En marzo pasado, Travis Birds publicó La costa de los mosquitos (2021), su segundo material de estudio, editado por el sello Calaverita Records. Se trata de un disco que venía trabajando hacía tiempo y que iba a salir en 2019. Sin embargo, en ese momento la cantante decidió desvincularse de la compañía con la que trabajaba y esos trámites le llevaron un año. Luego la pandemia hizo que, de nuevo, los tiempos se estiraran.

“Decidí que era mejor retrasarlo para poder respaldarlo con una gira”, explica, aunque reconoce que al principio eso la llevó a “embajonarse” un poco porque “cuando las canciones están frescas es cuando más apetece compartirlas”. Sin embargo, la gran acogida que ahora está teniendo el material hizo que la espera valiera la pena.

Cuando las canciones están frescas es cuando más apetece compartirlas.

La artista madrileña sostiene que este ha sido un buen momento para lanzarlo porque se trata de un trabajo “un poco denso, oscuro, profundo”, que propone un viaje interior y que necesita una escucha más tranquila. “La pandemia genera esa situación de aislamiento personal, a lo mejor si hubiera hecho un disco de súper fiesta sería un peor momento para sacarlo”, explica.

¿De qué trata ese viaje que propone La costa de los mosquitos?

—El disco habla de las obsesiones como vehículo a la locura y, con ello, a la parte más animal, más instintiva que todos tenemos dentro y que intentamos tapar porque nos avergüenza o nos da miedo conocer. Al final, somos animales y, por mucha evolución que hayamos alcanzado, esos instintos rigen nuestro comportamiento. Es querer reencontrarme con esa parte mía, conocerla, aceptarla e invitar a que cada uno lo haga a su manera. Para mí La costa de los mosquitos simboliza una especie de lugar en la cabeza, donde estamos nosotros solos con nuestra propia naturaleza, y tenemos que sobrevivir a todo lo que hay ahí.

La costa de los mosquitos habla de la parte más animal, más instintiva que todos tenemos dentro y que intentamos tapar.

¿Cómo fue el proceso compositivo detrás de ese hilo conceptual?

—Las canciones las empecé a componer hace bastante tiempo… Al principio, las iba reuniendo y todavía no sabía muy bien a qué atendían. Pero, a partir de que compuse “Claroscuro”, entendí lo que estaba pasando y hacia dónde estaba yendo. Empecé a ver mucho más claro el concepto, la idea de plantearlo como una especie de viaje interior y una invitación a conocerte en tu parte más salvaje.

Además de música, Travis Birds es diseñadora gráfica. Esa profesión fue la que, de hecho, hace ya varios años le permitió costear sus estudios musicales. En la actualidad, si bien no se dedica al diseño, utiliza sus conocimientos en el área como otra vertiente creativa que suma al arte de su proyecto musical.

Sin embargo, en esta oportunidad, Travis trabajó junto a su hermana gemela, que es ilustradora, para la portada de La costa de los mosquitos. “A la pobre la volví medio loca, le hice hacer mil manos distintas hasta dar con la que me pareció la más impactante”, confiesa entre risas.

¿Cómo es trabajar codo a codo con una hermana gemela?

—Es curioso porque yo no sé cómo es no tenerla, entonces no puedo comparar. Ella suele ser de las primeras personas en conocer lo que estoy haciendo y me da mucha confianza. Cuando yo le enseño una cosa, hay una conexión que hace que me pueda fiar al cien por ciento de su criterio, me da una perspectiva que se acerca mucho a la mía. Hay cosas con las que me enfrasco y, de pronto, enseñárselas a ella es como enseñárselas a mí mañana, con la cabeza fresca. Me ayuda un montón y me acompaña mucho, también me resulta muy inspiradora.

Travis no sabe si todos los hermanos gemelos comparten esa conexión tan poderosa, pero sí la ve, por ejemplo, en la relación de los raperos granadinos Ayax y Prok, de quienes se confiesa fan: “De los artistas que he descubierto en los últimos años, Ayax está en mi Top 3 seguro”.

Al hablar de referentes, la cantante asegura que es ecléctica y que sus gustos musicales abarcan desde Camarón de la Isla y Enrique Morente hasta Chavela Vargas, Simón Díaz y Jorge Drexler, pasando por Amy Winehouse o Extremoduro. “Me gusta estar abierta a muchas músicas muy diferentes y todas me aportan algo”, sostiene.

En esa búsqueda constante, en su nuevo disco, Travis Birds invitó a Kevin Johansen para que participara en “Tananana”. “Él fue la primera persona que se me vino a la cabeza porque tiene un tono desenfadado y cálido a la vez”, revela, y añade: “Pensé que le iba a ir bien a la canción, que también tiene ese toque entre lánguido y pícaro”.

Pensé en Kevin Johansen porque tiene un tono desenfadado y cálido a la vez, que pensé que le iba a ir bien a la canción.

La situación de emergencia sanitaria hizo que los artistas no pudieran encontrarse personalmente en la grabación, algo que ella hubiese disfrutado. Por eso, la cantautora decidió darle libertad al argentino para que él interpretara el tema como mejor le pareciera. “Ha sido un regalito de la vida, que haya aceptado es muy guay  y me parece que le ha portado un toque muy especial, cierra Travis Birds.