AZUL FERNÁNDEZ: “La familia de Merlí me abrazó instantáneamente”

Azul Fernández es la argentina que interpreta a Minerva en Sapere Aude (2019), el spin-off de Merlí, emitido por Movistar+. Antes de comenzar las grabaciones de su segunda temporada, la joven actriz le contó a Revista FlipAr cómo fue la audición para la serie de Héctor Lozano y su relación con el elenco catalán, describió a su personaje y reveló cuáles le gustaría que fueran sus proyectos futuros.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: Aldi F. Amoreo

—¿Vos ya eras así en el instituto? —Minerva increpa en el patio de la Facultad a Pol Rubio.
—¿Así cómo? —contesta él, mirando a su compañera con ojos risueños que denotan una gran soberbia.
—¿Necesitabas demostrar que eras el mejor de la clase?
—Perdona, yo no tengo ninguna necesidad de demostrar… —presume el rubio con aires de superioridad, pero no logra completar la frase.
—La tenés, la tenés —le asegura ella—. Y además te reís de tus compañeros cuando exponen sus dudas. Me parece ofensivo Pol, de verdad, no te reconozco. Si de verdad sos así, no me caés bien para nada.
—Vale, muy bien, es lo que hay. ¡Adiós!
—Adiós tú, guapo… —Minerva no da ni un solo paso atrás.
—¡Que te den, pelotuda! —la insulta Pol, como haciendo mofa de sus modismos argentinos.
—¡Gilipollas! —le contesta ella imitando su acento español.

La escena transcurre en el séptimo capítulo de Sapere Aude (2019), el spin-off de Merlí, la aclamada serie de Héctor Lozano que, durante sus tres temporadas emitidas entre 2015 y 2018 por la TV3 de Cataluña, despertó en muchos una inusitada curiosidad por la filosofía.

Minerva es uno de los nuevos personajes que se incorporan al elenco, una argentina estudiante de Filosofía recientemente instalada en Barcelona que, como puede, se va haciendo a la idea de vivir en otro país, lejos de su familia, aunque su ajustado bolsillo la lleva a la incertidumbre constante de no saber hasta cuándo podrá quedarse.

Pol es catalán, uno de los personajes principales de la serie original, el popular y chulo de la clase, que ahora se convierte en discípulo del controvertido maestro Merlí (Francesc Orella) y en protagonista de Sapere Aude –enunciado kantiano traducido como “atrévete a saber”-, donde se lo ve en su nueva faceta como estudiante de la carrera de Filosofía.

La arrogancia de Pol Rubio a duras penas sobrevivirá en el mundo universitario: con su estilo despojado y su frontal personalidad, Minerva será la encargada de “bajarle el copete” a quien fue el guaperas del insti. Detrás de Pol está Carlos Cuevas; detrás de Minerva, Azul Fernández.

Azul tiene rasgos delicados y una contextura pequeña que contrasta con su imponente personalidad. Lleva un outfit descontracturado, el pelo corto y unas incipientes raíces oscuras sobre su rubio ice blonde.

Su corte –que alguna vez se hubiera definido como a lo garçon pero que en esta era marcada por la deconstrucción de las atribuciones de género ya no- remarca su audacia y es quizás su sello personal. Lo lleva así desde hace años, mucho antes de que Zoë Kravitz dijera adiós a sus rastas para comenzar a llevar el pelo cortísimo o de que Calu Rivero pasara a ser Dignity y sorprendiera con su radical cambio de look.

Su imagen, sí, recuerda a la de Edie Sedgwick, la distinguida modelo que en los sesenta fue musa de Andy Warhol y una especie de it-girl del under neoyorkino. También lo hace su actitud frente a la cámara: Azul no sólo posa a la espera del flash sino que juega, experimenta y propone ideas.

Se tapa la mitad de su cara con la mano y abre sus verdes ojos almendrados, enmarcados por densas cejas al natural que hablan de su concepción de belleza. Después se tira al piso y no tiene reparos en contorsionar sus brazos y piernas, con movimientos que revelan sus años de formación artística y su estudio del cuerpo.

Azul hizo sus primeras apariciones en la televisión argentina en los últimos años, a partir de las telenovelas La Leona (2016) y Campanas en la noche (2019), pero estuvo vinculada al arte desde niña. A los seis años ya estudiaba danza con amigas aunque, por ese entonces, lo tomaba como un juego: su formación más profesional comenzaría a los once, cuando su mamá le preguntara si quería probar en una academia más grande y la anotara en la de Julio Bocca. Si bien el primer año le resultó algo complicado porque eran tres las materias a las que debía atender y no podía descuidar el colegio, a ella le encantó el cambio.

Un día la gente de Telefe fue a la fundación del reconocido bailarín a ver los ensayos de una obra y eligió a algunos chicos, entre los que estaba ella, para hacer un casting y sumar a su base de datos. Así fue que, al cabo de un año de audiciones, Azul quedó seleccionada para hacer su primer trabajo televisivo en La Leona.

Sin embargo, su paso por la TV no hizo que dejara de formarse en teatro, danza y canto. Así, la joven participó del Congreso Internacional de Musicales y Óperas Rock dirigido por la cantante Valeria Lynch y se llevó como souvenir de la experiencia una beca para estudiar en Nueva York. Lo sorpresivo fue que cuando audicionó no sabía que era para Go Broadway, el programa de estudios de teatro musical creado en la gran ciudad por la argentina Valentina Berger.

Todas las oportunidades internacionales que te surgieron tienen en común el hecho de haberte llegado de manera sorpresiva, ¿no?

—Sí, fueron un poco sorpresivas pero muy bien recibidas. Cuando audicioné para Merlí tampoco estaba enterada de para qué era. Hay algo de confidencialidad en los proyectos, no se divulga mucho y te dan muy poca información. Después vos sobre eso creás y mandás el video o vas al casting, si es presencial…

La audición de Sapere Aude fue a través de un self-tape, un video casero que vos misma grabaste. ¿Te acordás cómo fueron los preparativos?

—Me lo tomé como un casting más; es un trabajo más, al que le tenés que poner la misma dedicación que a cualquier otro. Sí estaba nerviosa porque nunca había hecho un video para mandar desde mi casa… Cuando estás en un casting tradicional probablemente te dirijan o te tiren alguna idea. En cambio acá era: «Bueno, tengo que crear yo el universo de este personaje del cual sé tres cosas». Lo preparé con la ayuda de una coach que tengo desde La Leona, en quien confío mucho. «Bueno, si decís que es este, lo mando», le dije, y lo mandé. E hice lo mismo que hago con todos los castings: una vez que ya está, chau. Prefiero evitar toda esa frustración que puede llegar a venir después, ¡que sea lo que tenga que ser!

El de Sapere Aude me lo tomé como un casting más; es un trabajo más, al que le tenés que poner la misma dedicación que a cualquier otro.

¿Después quedó en la serie la escena que tenías que hacer?

— Sí, sí, re. Estuvo un poco cambiada pero estuvo, era parte de uno de los primeros guiones que tuve. Mmm, ¿no voy a spoilear nada? Era una escena con Rai, en la casa de su… Basta, es todo lo que puedo decir. Rai es uno de los personajes nuevos que se incorporan a la serie, con el que tengo el agrado de compartir varias escenas y con el que compartí el casting allá en España.

¿Te acordás qué estabas haciendo y cómo fue tu reacción cuando te comunicaron que habías quedado seleccionada?

—Hubo dos instancias. La primera fue en una reunión con mi representante (Tommy Pashkus), en la que estábamos por hablar de otro tema y de repente cayó la noticia. Era como «es un posible», todavía no estaba tan confirmado, y fue hermoso. Y después en la segunda estaba sola, Tommy me preguntó al teléfono si estaba sentada, y ya me imaginaba. Fue divino, al toque lo llamé a mi padre.

En abril del año pasado finalmente viajaste a Barcelona para comenzar a rodar. ¿Cómo fue tu llegada a la ciudad?

—Ya había ido cuando era chica con mis padres pero no me acordaba tanto. Allí me encontré con mucha gente argentina que había viajado o que está instalada allá y eso, más toda la gente que conocí, hizo que fuera como estar con amigos todo el tiempo. Fue todo muy amigable y familiar.

¿Cómo fue la adaptación al equipo de trabajo?

—La verdad es que me llevé muy bien con todo el equipo desde el principio. Ellos ya conformaban una familia por todo lo que habían hecho en Merlí pero fue muy cómodo, todos me abrazaron instantáneamente. Especialmente mis compañeros de elenco, también tuve con ellos ensayos previos a la grabación. Son divinos.

Me llevé muy bien con todo el equipo desde el principio, todos me abrazaron instantáneamente.

¿Te acordás con quién se dio la primera charla, el primer acercamiento?

—Al primero que vi fue a Pablo Capuz, que interpreta a Rai, porque hicimos ese casting allá en Barcelona. No nos conocíamos y teníamos que estar una hora, hacer esa escena, irnos y por ahí no vernos nunca más. Hubo química instantáneamente. Es muy lindo cuando podés encontrar eso con otro actor o actriz, ayuda muchísimo a la escena poder sostenerte un poco en el otro. Y con él me pasó así y fue divino, hasta ahora tenemos una relación muy cercana.

¿Y con Carlos Cuevas (Pol Rubio)?

—Lo conocí cuando vino a Buenos Aires a presentar el libro de Héctor (Cuando fuimos los peripatéticos, 2018). Y desde que llegué a Barcelona estuvo: «Te llevo acá, te llevo allá, quiero que conozcas todo». Es muy buen compañero. En verano Barcelona es puro festival, pura fiesta, y me he juntado con varias personas. Carlos reunió gente y así conocí también a varios del elenco anterior, como quienes hicieron a Gérard (Marcos Franz) y a Marc (Adrian Grösser), grandes actores ambos.

Desde que llegué a Barcelona Carlos Cuevas estuvo: «Te llevo acá, te llevo allá, quiero que conozcas todo».

Vos ya habías visto Merlí antes de que te saliera el papel. ¿Recordás alguna escena favorita de esas temporadas?

—Recuerdo perfecto cuando Tania le tira una torta en la cabeza a Pol por algo que ella había escuchado y me pareció divino, es una de las grandes escenas. Y también cuando el personaje de Albert Baró, a quien también conocí y es un amor de persona, le confiesa su amor a Mónica en una fiesta. Fue desgarrador, un poco como saliendo del clóset de la timidez, luchando con todas sus fuerzas, llorando, un divino.

Minerva conserva sus raíces y habla como seguramente lo hacía en su país con sus amigas: ni su acento ni sus modismos argentinos se ven afectados por el hecho de estar constantemente rodeada de catalanes. ¿Interviniste de alguna manera en el guión de tu personaje?

—Héctor me presentó un guión hermoso, desde el primer momento quedé impactada. Creo que era una muy buena continuación, la esencia está perfecta. En cuanto a Minerva, él estuvo muy abierto a que yo pudiera intervenir y eso se lo agradezco mucho. Me dijo: «Vos sos la argentina, ¿quién mejor para ayudarme en esto?». Pero estaba muy bien escrito, lo único que hice fue adaptarlo un poco nada más a cómo hablamos acá. A medida que íbamos grabando iba viendo cómo era yo, Azul, con ellos, los catalanes, y qué tanto se me pegaba alguna palabra. Y la verdad es que no se te pega tanto, a no ser que quieras que se te pegue… A mí me pareció que estaba bueno que, por lo menos en esa temporada donde recién se conoce a Minerva, que está ahí hace recién un año, ella sea completamente argentina.

Héctor me presentó un guión hermoso, lo único que hice fue adaptarlo un poco nada más a cómo hablamos acá.

Hay algunas críticas que sostienen que Sapere Aude quizás apela más al público recién llegado, el que no vio Merlí, que a los fanáticos de la serie. ¿Qué opinás?

—Yo creo que es una serie que parte desde otro lugar, que la puede ver el que vio Merlí y el que no la vio. Y eso juega muy a favor: es un bajón cuando tenés que ver todo lo demás porque, si no, no entendés nada. Quizás alguien no quiere comerse tres temporadas de una serie y está bien, es un montón. Sapere Aude tiene la misma esencia, las clases son espectaculares y hay un nuevo personaje muy fuerte que puede ser un paralelo con Merlí…

Has dicho que sos de la idea de que en tu profesión hay que seguir formándose porque si no te oxidás. ¿Actualmente estás estudiando?

—Vamos a grabar la segunda temporada de la serie seguramente a mitad de año, entonces la idea es seguir formándome como sea cuando no estoy laburando fuerte. A mí siempre me gustó bailar, cantar, esas cosas trato de no perderlas en el cotidiano aunque confieso que es algo que cuesta un poco porque hay que encontrar con quién y que justo tenga cupo. Pero sí, trato de estar en movimiento siempre.

Vamos a grabar la segunda temporada de la serie seguramente a mitad de año.

Ya has pasado por la pantalla chica, por la pantalla grande –Atrevidas (2018) y El Patalarga (2019)- y por plataformas digitales. También has actuado en videoclips musicales, como en el de “El tesoro” (2019), de Él Mató a un Policía Motorizado. ¿Qué es lo próximo que te gustaría hacer?

—Me gustaría hacer cine de nuevo… En realidad, me gustaría estar en cualquier proyecto en el que el guión me atrape y me guste mucho. Me encanta recibir algo y tener esa cosa de «lo quiero hacer ya», de que se me empiecen a ocurrir ideas, de estar inspirada. Pero al cine le tengo muchas ganas, qué se yo… Una de Lucrecia Martel, ¡me muero! Algo así me encantaría. Teatro también.

Te fuiste de Barcelona después de rodar Sapere Aude y todavía no volviste después del estreno… ¿Te surgieron más propuestas laborales allá a partir de tu participación en la serie?

—No puedo hablar nada de eso por una cuestión de contratos y confidencialidad, pero me encantaría trabajar allá, como en cualquier otro lado y como acá. En lo que me enfoco es en laburar en proyectos que me gusten.

¿Y qué te hace FlipAr particularmente de Barcelona?

—Me gusta que allá siempre están para tomar una caña en cualquier lado, para comerse una tapa; como que siempre están en un mood de festejo. También los paisajes, la Sagrada Familia, todo el casco histórico… Me hice un tour por todos lados; la ciudad te atrapa mucho, es muy linda y es muy viva. Me pasa un poco como en Nueva York: son ciudades muy cosmopolitas, en las que hay mucho movimiento, gente de todos lados. ¡Y los festivales!

 


Agradecimientos: Aldi Amoreo (fotos), Kostüme (ropa), Miss B. (maquillaje), María José Alta Costura (espacio), Alan Malnatti (video), Giuliana Amoreo (asistente).