MARCOS FRANZ: “No me gusta anclarme en la idea de que mi música siga una línea”

En medio de la cuarentena, el multifacético catalán Marcos Franz retoma su carrera musical y se distancia de su recordado personaje en la serie Merlí. Desde Mataró, el músico y actor charló con Revista FlipAr acerca de los altibajos emocionales que le causó la popularidad, de su primer lanzamiento discográfico en 2016, de sus experiencias actorales en el exterior y de sus proyectos, entre los que adelanta una obra teatral en Madrid y no descarta un viaje a la Argentina.

Texto: Pilar Muñoz

“Joder, tío, soy un títere del entretenimiento”, recuerda haber pensado Marcos Franz cuando escuchó que, mientras cantaba algún tema de su recién publicado disco Start (2016), debajo del escenario le gritaban de manera eufórica “¡Gerard!”. Era su esperado recital en la Sala Apolo de Barcelona y la idea de alejarse por un rato del personaje que por entonces daba vida en la exitosa serie Merlí lo llenaba de ilusión: ¿Qué mejor que hacerlo en una sala repleta, mostrando su música a mil personas?

“Ese concierto fue lo mejor de mi vida, nunca lo olvidaré”, asegura el músico y actor catalán cuatro años después, aunque admite que su felicidad se vio algo opacada por el “efecto Gery”, como él denomina a la obsesión de aquellos fanáticos que lo encasillan y que no pueden ver más allá de su participación en la ficción de Héctor Lozano.

Según cuenta, la fama que alcanzó con Merlí a los veintitrés años lo afectó psicológicamente y no logró disfrutarla. “Divagaba entre no quererla y desear mucho más”, revela hoy, y explica que esas emociones contradictorias se ven en su disco debut, por el que ahora siente una mezcla de amor y de odio: “A veces pienso que debí haber esperado a que la efervescencia bajara para sacarlo”.

En 2016 estaba en una etapa oscura psicológicamente, obsesionado con el efecto de la fama de Merlí, no la disfruté en ningún momento.

En “Mai en tinc prou”, uno de los tracks más rockeros del álbum, Marcos lanzaba frases como “Yo nunca tengo suficiente, siempre me falta más”, que reflejan su extremo perfeccionismo. “Me salió una canción bastante comercial y oscura, estaba pirado de la cabeza”, bromea acerca de ese tema, en el que más adelante decía: “Todo el mundo me mira, todos me observan”.

Es que, con la gran popularidad de la serie, su vida había cambiado de  manera drástica: “Pasé de ser una persona que quedaba con sus compañeros y que apenas podía pagarse una cerveza, a ser el foco de atención y que todo el mundo quisiera regalarme cosas, hacerse fotos conmigo y chupar mi energía vital”. En ese combo de sensaciones agridulces entraron también la astucia de los managers y de las discográficas, que buscaron beneficiarse económicamente con su imagen, y la mala fe de muchos medios de comunicación, que no lo tomaron en serio y lo acusaron de ser “el de Merlí que ahora saca un disco aprovechando la fama”.

Pasé de ser una persona que quedaba con sus compañeros y que apenas podía pagarse una cerveza a ser el foco de atención.

Sin embargo, Marcos incursionó en la música mucho antes de convertirse en actor. Quizás influido por su abuelo saxofonista, a los cinco años comenzó a estudiar piano, instrumento que tocó hasta que el mundo de la interpretación se ganara su atención y, a los once, empezara a tomar clases de teatro y de canto. Más adelante vendrían años de rasguear la guitarra, de componer canciones y de montar sus primeras bandas.

La influencia del rock británico fue clave en su adolescencia y en su despertar como artista. “Por aquel entonces sólo escuchaba bandas inglesas y no pasaba de allí”, recuerda, y explica que, si bien su gran obsesión era Mick Jagger y The Rolling Stones, abarcaba desde los sesenta hasta el rock alternativo de The Strokes. Fue hacia los veinte que descubrió grupos más experimentales, relacionados al rock progresivo, como Yes, King Crimson o Tool.

De adolescente estaba obsesionado con Mick Jagger, sólo escuchaba bandas inglesas y no pasaba de allí.

Hoy esa influencia se percibe en sus lanzamientos más recientes, “Lonely” y “N.A.S.A”, dos sencillos que vienen de esbozos que había trabajado antes del confinamiento pero que pudo darles forma estando encerrado en su casa de Mataró. La primera se trata de una balada pop que, si bien fue escrita en otro contexto, en tiempos de aislamiento cobra un sentido mayor porque habla de la soledad.

La segunda es un “experimento” que salió mientras tocaba electrónica y varios instrumentos, y se sorprendió con un sonido “espacial” que le gustó. Decidió luego darle al tema “un toque John Lennon” y hacerlo en castellano, algo nada usual en su carrera: “Creo que esa canción lo necesitaba, no me gusta aferrarme a la idea de que toda mi música suene en un idioma o en un estilo concreto, ni que siga una línea, porque si te anclas mucho en algo luego acabas sufriendo el efecto de tener que comerte tu propio personaje”.

Si te anclas mucho en algo luego acabas sufriendo el efecto de tener que comerte tu propio personaje.

Así, su confinamiento transcurre entre música y streamings. Es que, a los veintisiete años, Marcos es un verdadero geek, un apasionado de Internet y de su submundo, y suele hacer transmisiones a través de la plataforma Twitch, a las que se suman cientos de adolescentes. “A veces me cuesta un poco entender a la generación Z, pero logro conectar con ellos”, asegura, y lo atribuye a su “espíritu de eterno joven”.

En sus redes sociales, el catalán suele hacer publicaciones que rozan el absurdo y que dan fe de su frescura. “La mayoría de los actores se hacen fotos en blanco y negro, con mirada interesante y cuello alto”, sostiene, y explica que su cuenta de Instagram, donde abundan los memes y las referencias satíricas, genera controversia porque él hace completamente lo contrario: “El humor forma parte de mi vida”.

La mayoría de los actores se hacen fotos en blanco y negro, con mirada interesante y cuello alto, en mi Instagram yo hago todo lo contrario.

Fue seguramente ese perfil el que hizo que quedara seleccionado para actuar en «Trabajando hasta tarde», uno de los anuncios televisivos de Old Spice, que se caracterizan por ser casi surrealistas. “Buscaban un chico delgado, que pudiera parecer un freak informático y a la vez músico, así que conmigo dieron en el clavo”, se ríe. Después de hacer una prueba de interpretación y otra de piano, Marcos viajó a Tailandia para rodar durante una semana y tener una experiencia “súper guay”.

Sin embargo, ese no fue su primer proyecto en el exterior. En 2016 ya había trabajado en Roma, en la grabación de The Young Pope, una serie del aclamado director italiano Paolo Sorrentino protagonizada por Jude Law, en la que también actuaron Javier Cámara y Diane Keaton. “Haber sido dirigido por Sorrentino fue increíble, pero fueron sólo tres días de rodaje así que no tuve ni tiempo de saborear lo que pasó”, admite.

Haber sido dirigido por Paolo Sorrentino en The Young Pope fue una experiencia increíble.

Otro gusto le quedó de su paso por la serie estadounidense Knightfall (2017), en la cual interpretó al príncipe Lluís de Aragón. Durante tres meses, Marcos trabajó en Praga con artistas británicos reconocidos y vivió lo que es una superproducción: “Fue el rodaje de mayor presupuesto en el que he estado, con tráilers para los actores y toda esa estética tan glamorosa de Hollywood”.

Esas oportunidades se le dieron tras haber hecho el papel en Merlí, serie cuyo casting al principio dudó hacer. “Ya llevaba muchos años de frustración, de viajar a Madrid en tren y de que en muchas pruebas me dijeran que no”, explica, y agrega: “Todo arte es complicado y es difícil hacerse un hueco, es cuestión de talento, de trabajo y de suerte, de estar en el lugar y en el momento adecuado”. En su caso, el éxito seguramente haya sido fruto de una conjunción de todos esos factores, sumados a una gran cuota de autenticidad, que es la que hace que sea tan querido por el público juvenil, y a su versatilidad artística.

Dudé en hacer el casting de Merlí, ya llevaba muchos años de frustración, de viajar a Madrid en tren y de que en muchas pruebas me dijeran que no.

Más allá de la actuación, hoy Marcos sigue apostando a las canciones y a ser respetado como músico. Según confiesa, ha llegado a pensar en cambiarse de nombre –como lo ha hecho el actor Donald Glover y el youtuber Filthy Frank- y hasta en lanzar su música sin mostrar la cara, todo para despegarse del Gery. Sin embargo, no se arrepiente de su paso por Merlí: “Aunque el estigma sea difícil de quitar porque es una serie que ha causado sensación en medio planeta, me quedo con el hecho de haberla vivido”.

Al momento de soñar, el catalán fantasea con poder encarnar en alguna producción a rockeros como su eterno ídolo Mick Jagger, el más espiritual George Harrisson o el polémico Ozzy Osbourne. “La temática de la fama y la destrucción me inspira a interpretar, a escribir sobre ello o a vivirla”, dice extasiado por la caótica vida del vocalista de Black Sabbath, y termina recomendando I’m Still Here (2010), una película en la que Joaquín Phoenix devela el “rollo sucio y decadente” de la popularidad.

La temática de la fama y la destrucción me inspira a interpretar, a escribir sobre ello o a vivirla, me gusta ese rollo sucio y decadente.