Diego Domínguez. Foto: Loli Gortari

DIEGO DOMÍNGUEZ: “Las señales que me indica la vida van cada vez más hacia Argentina”

Diego Domínguez, el actor español que en 2019 interpretó al entrañable Manuel Córdoba en Argentina, tierra de amor y venganza (ATAV), habló con Revista FlipAr sobre sus inicios en el mundo artístico, su experiencia en Violetta, su faceta musical y su amor por Argentina, a donde desea regresar “más pronto que tarde”.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: Loli Gortari

Diego Domínguez. Fotos: Loli Gortari

Manuel Córdoba (Diego Domínguez) parecía derretirse cada vez que, en el conventillo o en el club social, se cruzaba a Anna Moretti (Candela Vetrano). Con un piropo, un ramo de flores o una versión de Carlos Gardel, no se cansaba de cortejarla. “En Andalucía todavía están llorando que yo me fui de allí porque me quieren escuchar cantar”, le aseguraba, guitarra en mano, antes de intentar regalarle una canción: “¡Oh, paisanita divina!”.

Córdoba conquistó enseguida a los televidentes de Argentina, tierra de amor y venganza (ATAV) con su mirada transparente, eses levemente aspiradas y andar encorvado. “Yo lo quiero mucho, es uno de los personajes que más alegría me ha traído”, confiesa el actor español Diego Domínguez acerca de este inmigrante sentimental, dulce y justiciero que le tocó interpretar en 2019: “Me da mucha ternura, siento que ya no existen personas así”.

Yo lo quiero mucho a Manuel Córdoba; me da mucha ternura, siento que ya no existen personas así.

El artista criado en Boquiñeni, un pueblo de menos de mil habitantes de Zaragoza (Aragón), ya había vivido en Argentina entre 2013 y 2015, mientras trabajaba en Violetta. “Ni galán ni chico Disney, nada de eso me gusta”, dice hoy quien no reniega de su paso por la tira juvenil, pero sí de las etiquetas: “Siento que habría sido muy difícil salir de esa casilla si no hubiera tenido las cosas muy claras después de Violetta”.

Tras la exitosa producción de Disney, cuyo fandom sigue vivo en redes sociales, el aragonés participó de varios proyectos en la televisión española y de un certamen de baile italiano. No por nada hoy lleva en el brazo un tatuaje en el que se entrelazan los mapas de España, Argentina e Italia. “Son los tres países en los que tengo dividida mi alma”, asegura, y dice argentinizado: “Lo que yo quiero a Argentina es una barbaridad”.

Así fue que, a fines de 2018, cuando recibió la llamada de su representante con la noticia de que la productora Polka lo quería para una nueva novela que estaría ambientada en 1938, Diego Domínguez no lo dudó: “Sentí que el proyecto iba a ser muy rico y que iba a aprender mucho de mis compañeros”. Y no se equivocó.

“Todo el equipo humano de ATAV fue precioso, súper amoroso, ya son todos amigos”, dice del elenco, y destaca el talento de los antagonistas Fernán Mirás –“uno de los bicharracos con los que tenía pendiente trabajar”- y de Mercedes Funes, a quienes describe como “actores de primera liga”. Además, nombra a su compatriota Albert Baró, a Matías Mayer y a Candela Vetrano, con quien comparte una amistad de años y con quien en ATAV conformó Cordanna –como bautizaron los fans a la pareja de Córdoba y Anna-.

Todo el equipo humano de ATAV fue precioso, súper amoroso, ya son todos amigos.

Al momento de componer al personaje, Domínguez se focalizó en tres aspectos: su forma de caminar, su gestualidad y su habla. Luego, a lo largo de la novela, fue moldeando su personalidad a partir de esas primeras pinceladas. Respecto al andaluz, revela que cuando se hace otro acento siempre existe el miedo de caer en la parodia pero, reconoce, esta vez no le costó tanto porque ya había interpretado a un narcotraficante del sur de España en Perdóname, Señor (2017).

Diego Domínguez empezó su carrera a los once años, en el programa de talentos infantil Eurojunior, en el que formó parte del exitoso grupo musical 3+2. Desfachatado, hacia 2003 cantaba: “Por ahí, dicen que soy un terremoto, dicen que no paro”. En los registros del reality, se lo escucha asegurar que es travieso, “un sinvergüenza”, pero de buen corazón. Hoy, a sus veintinueve años, el zaragozano recuerda con cariño esa etapa.

“Yo veo al niño que era y me causa mucha gracia, es un niño que dices «qué cabrón» y «qué ganas de abrazarlo» a la vez”, describe con una sonrisa, y asegura: “Con la edad nos entran muchas vergüenzas y prejuicios pero, siendo adulto, yo intento respetar un montón a ese niño que fui y seguir jugando”.

Me causa mucha gracia el niño que era, es un niño que dices «qué cabrón» y «qué ganas de abrazarlo» a la vez.

Haber empezado de tan pequeño hace que Diego esté acostumbrado a la inestable vida del artista y a convivir con el “rechazo continuo”. En ese sentido, coincide con su colega Baró en la filosofía de abrazar cada proyecto como si fuera el último: “Con Albert somos hermanos y, si bien somos completamente opuestos de carácter, tenemos maneras de pensar muy similares con respecto a la industria”.

“Es normal que en casi todas las pruebas te digan que no o te dejen como segunda opción, lo cual es todavía más frustrante”, explica Diego Domínguez, y amplía: “Ahora pueden salir muchos actorcetes nuevos, muchas celebrities, pero los que llevamos toda la vida en esto desarrollamos una fortaleza muy distinta”.

Ahora pueden salir muchos actorcetes nuevos, pero los que llevamos toda la vida en esto desarrollamos una fortaleza muy distinta.

Su “primera hostia”, cuenta, fue cuando a la exitosa 3+2 le dejó de ir bien. Con diecisiete años, Domínguez tuvo que trabajar como camarero, luego como dependiente, y después sacó la titulación de socorrista. “En esta profesión es importante tener mini planes b, pequeñas triquiñuelas para subsistir”, señala, y revela que una de sus metas es poder autogestionar sus proyectos. Así hizo con Adrián (2017), un emotivo corto escrito, dirigido y protagonizado por él mismo, en el que interpreta a un chico con parálisis cerebral.

“En mi país me siento infravalorado”, confiesa el actor, y asegura: “Me es muchísimo más difícil acceder a papeles, después de ATAV quizás me sea más fácil volver a trabajar en Argentina que en España”. Al respecto, dice que cada vez extraña más el país sudamericano: “Las señales que me indica la vida van cada vez más hacia Argentina, puede ser que termine viviendo allí, me imagino durante una temporada muy larga”.

En España me siento infravalorado; las señales que me indica la vida van cada vez más hacia Argentina, puede ser que termine viviendo allí.

Es que quien encarnó a Manuel Córdoba en ATAV se identifica completamente con el carácter del argentino, a quien define como “súper amoroso” desde la primera instancia: “Aquí en España son mucho más preservados, mantienen más la distancia, yo soy más como vosotros, en la primera cita con una persona me abro a más no poder, le cuento mi vida entera y me da igual los prejuicios”.

Por otro lado, dice que también lo enamora de Argentina su cultura musical y teatral: “Los argentinos son más abiertos con las ideas, veo más creatividad por la calle”. Así que celebra que cada vez haya más actrices y actores argentinos en producciones de su tierra: “Me alegra que España, de a poquito, esté abriendo su cabeza, sus limitaciones y prejuicios, y que vaya metiendo a gente de otras culturas; por fin se han dado cuenta que eso enriquece a las ficciones”.

Los argentinos son más abiertos con las ideas, veo más creatividad por la calle.

A pesar de que hoy lo suyo es la actuación –“es lo que me da de comer”-, Diego Domínguez se permite seguir volver a la música y mezclar sus pasiones. Lo hizo en Violetta y también en varias escenas de ATAV, donde interpretó en clave flamenca varios clásicos de Gardel, como “Delirio gaucho”, “Guitarra, guitarra mía” o “Soledad”, la cual recientemente lanzó en plataformas digitales.

Según narra, la pasión por la música le vino de chico cuando, en los cumpleaños y reuniones familiares, los parientes de su madre sacaban una guitarra y se ponían a cantar. “Mi crianza fue con la raza gitana, entonces todos los festejos eran con instrumentos de cuerda, de percusión y quejíos flamencos”, explica.

Sin embargo, aunque sus versiones sean bien recibidas por sus seguidores, Diego lo hace por placer, sin pensar en dedicarse a ello. “Lo tengo tan hecho desde casa que no me lo creo”, asegura, y añade: “Tiene que existir una especie de ego para poder sacar tus trabajos y darle toda la publicidad, yo soy lo más bohemio y colgado que hay en la vida”.

Los covers los tengo tan hecho desde casa que no me lo creo, soy lo más bohemio y colgado que hay en la vida.

Además, dice, aún está buscando su estilo, entre el folklore argentino y el folklore de su tierra. “Quiero encontrar un punto medio”, explica, y nombra como referente a Guitarricadelafuente, quien fusiona las músicas tradicionales de España y de Latinoamérica: “Lo descubrí hace un año y me sorprendió que en España saliera un artista que coincida con mis gustos y se reinvente en cada single”.

De esa admiración hacia el joven castellonense surgen sus covers de temas como “El conticinio” o “Desde las alturas”, que suele publicar en Instagram junto a otros como “La llorona”, de Chavela Vargas, o “Lo mal que estoy”, de El Kanka. El aragonés cuenta que es amigo de Miki Ramírez (Mr. Kilombo), a quien muchas veces le pide asesoramiento, y que le gusta toda esa camada de artistas de la que también forma parte Muerdo.

Diego Domínguez es un artista generoso, que no se priva de halagar públicamente a sus compañeros y a los artistas que admira, como lo hace con su amigo músico Diego Ojeda –de quien ha sido artista invitado en sus conciertos- o con el argentino Peter Lanzani, de quien destaca su evolución: “Es un actorazo que, para mí, es el que mejor lo ha hecho de nuestra camada de «chicos Disney» o «chicos Cris Morena»”. Trabajar en cine con él es algo que le haría mucha ilusión.

Sin embargo, ahora Diego Domínguez está aprovechando para desconectar: “Estoy en una época de aprender a disfrutar y a relajarme, de no ser tan estricto conmigo, porque me machacaba y me castigaba mucho”. En lo que va del verano español, el actor ya estuvo en su pueblo, donde sólo lo conocen por ser “el nieto de la Carmen y de Fernando Catalán”, y compartió unos días en las paradisíacas playas de Menorca junto al catalán Albert Baró.

En mi pueblo yo no soy ningún actor conocido, soy el nieto de la Carmen y de Fernando Catalán.

Sin embargo, anticipa, pronto sacará un nuevo cover de un tema popularizado por Mercedes Sosa y, cuando se reabran las fronteras, participará de una mini serie hispano/argentina que se rodará en España y que, asegura, tendrá un elenco muy interesante. Como sea, para Diego Domínguez todos los caminos conducen a Argentina.