Leiva en Buenos Aires: una noche con lo más rock and roll de por allí

Texto: Pilar Muñoz. Fotos: Alan Malnatti

En el marco de su Tour Nuclear, el español Leiva regresó a Buenos Aires para presentar en Museum Live su material de estudio más reciente, lanzado en marzo pasado por Sony Music.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: Alan Malnatti

La atmósfera cargada de humo pinta a Miguel Conejo, alias Leiva, como un vaquero del siglo veintiuno que, con su guitarra y pitillos ajustados, cabalga las sinuosas sendas del rocanrol. Delineada por una chaqueta de gamuza con flecos y un sombrero de ala ancha, la pieza más característica de su guardarropa, la delgada figura del artista se calca a contraluz en el escenario de Museum Live, escoltada por la numerosa Leiband.

El venue elegido por el cantautor español está emplazado en el histórico edificio El Forjador, en el barrio porteño de San Telmo, cuya construcción data de 1906 y fue diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel. Sus columnas de hierro, que recuerdan a las de la famosa torre parisina, soportan el agite de argentinos, latinoamericanos y españoles que colman el recinto de la calle Perú al 535 a la espera de una buena dosis de rock.

Pasaron quince minutos de las nueve de la noche cuando Museum explota en una ovación general y le da así la bienvenida al Flaco, que regresa a la Argentina después de dos años para presentar Nuclear (2019), su cuarto disco de estudio en solitario.

Así como el álbum, Leiva abre el show con “Expertos”, una canción pop con guitarras al frente, que habla sobre el desamor de manera descarnada: “Nunca creí que me hablaras en serio, te dedicabas a aullar; te di motivos, pistola y remedios, nada podía fallar”. Le seguirán la melódica “La lluvia en los zapatos” y “Guerra mundial” –pertenecientes al disco anterior, Monstruos (2016)-, “Animales” –del material homónimo de Pereza lanzado en 2005- y “Lobos” –el tema más rockero de Nuclear-.

El madrileño saludará al público recién después de esas primeras cinco canciones, alentado por el clásico cántico argentino “¡Olé, olé, olé, olé, Leiva, Leiva!”. Llegado ese momento, el artista ya habrá entrado en calor, quitado su chaqueta y quedado en camisa, una de un estampado de estrellas que va muy bien con su onda hippie-folk y que combina con los pañuelos que tiene atados al micrófono al mejor estilo Steven Tyler.

—Después de tantos años, para nosotros tener esta sala así de llena es un orgullo. Quiero que sepáis que valoramos en su dimensión total, sobre todo por las circunstancias y los contextos, que estén aquí —agradece, en alusión a la ajetreada situación económica del país—. ¡Buenas noches Buenos Aires, muchas gracias!

En los temas del ex Pereza suelen repetirse las intensas historias de amor, de dolor, de decepción y de miserias, con pasajes oscuros e introspectivos que hacen que, a pesar de su vena rockera, por momentos el concierto pase por estados más intimistas que distan de lo festivo. Así, por ejemplo, en “Superpoderes” –segundo track del nuevo disco- dirá que “es difícil saber que siempre, siempre, siempre, siempre vas a perder (…) Siempre, siempre, siempre, siempre te va a doler”. La mayoría de sus letras tienen cierta dosis de nostalgia y, lejos de la trillada fórmula “sexo, droga y rocanrol”, invitan a la reflexión.

“En Argentina la llama del rocanrol está más encendida que en España”, declaraba Leiva hacia 2008 en el canal de televisión Much Music. El Flaco estaba de visita en Buenos Aires junto a su compañero Rubén Pozo, con quien acompañaría a Ratones Paranoicos y a La Mancha de Rolando durante sus shows en el Estadio Pepsi Music. A partir de entonces, el público argentino más stoniano conocería al dúo y empezaría a seguirlo de cerca, por su aproximación musical y estilística a las bandas de rock locales. Algo de eso se puede ver en el documental Baires (2009), que retrata la gira de los españoles por Argentina.

Así, a través de los años, Leiva se fue haciendo de un séquito de seguidores que lo acompaña cada vez que visita el país, que se sabe todas sus canciones, las canta, y que agita como en cualquier recital de rock nacional, entre pogos y cánticos.

—¿Cantan conmigo? —anima al público, que comienza a hacer palmas ni bien empiezan los primeros acordes del mid-tempo de Diciembre (2012) en el que el madrileño no teme ventilar sus fantasmas y mostrarse vulnerable: “Tengo miedo… Miedo, miedo, miedo”. Enseguida la gente se acopla al tema, como ocurre con otros ya clásicos como “Breaking bad”, “Sincericidio”, “Electricidad”, “Terriblemente cruel” o “La llamada”, pero también con los más nuevitos “A ti te ocurre algo”, “Nuclear”, “En el espacio”, “Godzilla”, “Como si fueras a morir mañana” y “No te preocupes por mí”.

“Escuchenló, escuchenló, escuchenló”, comienza a corear entre tema y tema algún fanático, y el resto le sigue: “El rey de España del rocanrol es Leiva, la puta que lo parió”.

—Mi manera de entender el éxito seguramente se da de palos con lo que diga el diccionario. Para mí el éxito tiene que ver con venir a este país a miles de kilómetros de casa y que mi teléfono reciba el mensaje de un montón de bandas y colegas que todos conocéis, que quieren prestarnos sus equipos —explica emocionado, en un silencio general absoluto—. En este momento Guasones está tocando lejos y nos ha dejado todo su equipo. También tenía una nota de voz de Manu Moretti de Estelares, que está en el Gran Rex, deseándonos suerte. Y hoy estoy aquí porque una noche hace unos meses en Madrid estaba cenando con Fito Páez y me dijo: “Tienes que tocar en Museum”. Son muchos años viniendo y realmente el tesoro que me llevo son buenos amigos.

Después de esa introducción, el español regala una interesante versión de “La ruega mágica” de su camarada Páez, uno de esos himnos del rock nacional que se saben todos.

Entre algunos clásicos de Pereza como “Estrella polar” (Aproximaciones, 2007) o “Como lo tienes tú” (Animales, 2005), Leiva anuncia que el concierto va llegando a su fin y pide “un poco de silencio, pues creo que todo cobra una dimensión mayor”. Así, con su guitarra española, interpreta en clave acústica “Vis a vis”, en medio de un interesante juego de luces y sombras que cae sobre su silueta.

Después de que la súper Leiband abandona el escenario, y cuando todo parece indicar que el show terminó, nace entre el público el popular “una más y no jodemos más” y, al cabo de unos minutos, ya pisando las once de la noche, el Flaco regresa en cuero, sólo cubierto por la tinta de su pecho y brazos tatuados­, interpretando “Mirada perdida”.

—No soy absolutamente nadie sin mi gente. Antes hablaba del éxito, para mí el éxito es subirme a una furgoneta o a un avión con mis amigos y cruzar el mundo para encontrarme con vosotros. ¡Gracias a todos por haber venido! —se despide, antes de presentar a cada uno de los músicos que lo acompañan: César Pop (teclados), Gato Charro (trompeta), Tuli (saxofón), Luis Miguel Romero (percusión), Niño Bruno (batería), Patricia Lázaro (coros), Manolo Mejías (bajo) y, el más aplaudido, Juancho (guitarra) –hermano de Leiva y cantante de Sidecars, otro reconocido grupo español-.

En medio de la despedida, se escucha un efusivo grito que le reclama al español: “¡La próxima en River, Miguel!”. Justo después, el auditorio explota con una esperada “Lady Madrid” (Aviones, 2009), que concluye una noche en la que Leiva demostró su gran calidad de artista y el público argentino le regaló “lo más rock & roll de por aquí”.

Directora Editorial