Litto Nebbia, Miguel Cantilo y demás músicos argentinos comentan el disco debut de Moris en su 50° aniversario

El álbum Treinta minutos de vida (1970), del argentino Mauricio “Moris” Birabent, cumple 50 años y varios músicos que tuvieron que ver con el nacimiento del Rock Nacional comparten con Revista FlipAr sus apreciaciones, recuerdos y anécdotas alrededor del material.

Texto: Christian Alliana
Foto portada (Litto Nebbia): Melopea Discos

LITTO NEBBIA

Vocalista de Los Gatos y co-autor de «La Balsa», canción fundacional del rock argentino.

«Tengo un magnífico recuerdo de las primeras canciones de Moris, muchas incluidas en el LP Treinta minutos de vida, que por suerte ahora reeditan. Allí, entre otras, está la legendaria «El oso», la veraz «Pato trabaja en una carnicería», y canciones básicas del estilo de Moris, mixtura del tango y el bolero, como «Una tarde de sol» o la original «Escúchame entre el ruido».

Bellas canciones de nuestra primera época por las calles, deambulando llenos de ilusiones. Queríamos cambiar el mundo. Nada de eso logramos, pero sí pudimos transmitir en un puñado de canciones nobles sentimientos de libertad, amistad y dignidad.

Queríamos cambiar el mundo. Nada de eso logramos, pero sí pudimos transmitir en un puñado de canciones nobles sentimientos de libertad, amistad y dignidad.

Desde aquellos tiempos, a título personal, siempre aguardé por un nuevo álbum de Moris que tuviera similares características en cuanto al cancionero. Sin embargo, él arrancó para una dirección mucho más clásica roquera. Muchas buenas canciones, de las que más nos representan (para mí), están desperdigadas por álbumes inconseguibles o compilados de varios artistas («Muchachos, pronto amanece» o «De aquí adónde iré»).

Sería muy oportuno poder recopilar todo el cancionero de Moris en una sola edición. Algo que ilustraría a muchos músicos de las nuevas generaciones, como así también a un público en general que, por diversas razones del «negocio», no conoce a Moris. Celebro esta nueva edición y saludo a Moris».

Miguel Cantilo. Foto: Laura Tenenbaum

MIGUEL CANTILO

Músico que integró Pedro y Pablo, dúo de folk rock y canción protesta que es considerado como uno de los pioneros del rock argentino.

«Treinta minutos de vida es un hito irreemplazable en la historia de la música popular argentina. Me considero un fan de Moris de todos los tiempos y un destinatario de la poderosa influencia que ejerció en los años de publicación de aquel long play sobre todos su incipientes colegas.

Del salto cuántico que realizó el rock desde una plataforma tan disímil como la de sus músicas autóctonas –folclore y tango-, a la transformación en portavoz de una generación paralela a la que sacudió el planeta desde el mayo ’68 de París en adelante, escogemos la figura de Moris como la de un auténtico pionero en la materia.

Él solito, sin ayuda de prensa, empresa discográfica ni producción, se erigió en el alter ego de Bob Dylan en el cono sur. Tomó la guitarra eléctrica en sus manos y descargó la más feroz, cruda y lúcida poesía cuando todavía ni existía un movimiento equivalente al folk rock en nuestro medio y apenas se hablaba de música beat.

Moris se erigió en el alter ego de Bob Dylan en el cono sur, cuando todavía ni existía un movimiento equivalente al folk rock en nuestro medio y apenas se hablaba de música beat.

Así parió este álbum carente de todo tipo de producción desde el nivel técnico, pero lleno de una pasión que suda por los surcos y llega a abordar la improvisación en el tema “De nada sirve” al estilo de los viejos payadores. Pleno de una inspiración y una profundidad literaria, como en el caso de “Escúchame entre el ruido”, que inauguraría una canción de protesta en un país dominado por dictaduras oportunistas y encarnizada censura contra lo que no coincidiera con sus fines, este es un trabajo icónico.

Más allá de Treinta minutos de vida, título de por sí sorprendente para su tiempo, la tarea de Moris sólo se vio iniciada por ese disco. Continuó apostando a la rebeldía y redoblando sus apuestas contestatarias hasta obligarlo al exilio. Pero no vamos a hacer ni su panegírico, ni su apología.

Nos toca hablar de un vinilo, un humilde vinilo huérfano de promoción en su momento, que revolucionó el entorno musical y poético de su tiempo con sólo apretar play y registrar la espontaneidad de un gran poeta. Nos toca homenajear la valentía de Mauricio Birabent quien, sin medir riesgos ni consecuencias en un país militarizado, se encaramó al difícil podio de los que propalan un discurso musical en nombre de muchos que no se atreven o no encuentran los recursos para emitirlo. Nos toca sacarnos el sombrero y agradecerle, a nosotros, sus tributarios».

Ciro Fogliatta. Foto: Facebook del músico

CIRO FOGLIATTA

Tecladista que formó parte de la legendaria banda de rock argentina Los Gatos.

«Treinta minutos de vida se grabó en 1969 y fue editado en 1970. Por entonces, yo volvía a Buenos Aires después de haber residido en Estados Unidos durante un año y me encontraba rearmando la banda Los Gatos con un nuevo guitarrista: Pappo.

No recuerdo bien la acogida del disco en Buenos Aires. Creo que Moris seguía siendo un artista under, aunque ya había una canción de su autoría muy conocida por el público, “Ayer nomás”, lado “b” del éxito discográfico “La Balsa”.

De las canciones que componen este mítico álbum que hoy en día forma parte del génesis del rock nacional, recuerdo especialmente cinco: “Ayer nomás”, el hermoso tema “El oso”, “Pato trabaja en una carnicería”, “Esto va para atrás” –que llamábamos “Yo no pretendo”- y, sobre todo, “De nada sirve”.  Esta última era muy popular entre los que frecuentábamos La Cueva y La Perla de Once y recuerdo que, muchas veces, Moris la cantaba improvisando nuevos versos».

«De nada sirve» era muy popular entre los que frecuentábamos La Cueva y La Perla de Once y, muchas veces, Moris la cantaba improvisando nuevos versos.

Willy Quiroga. Foto: Facebook del músico

WILLY QUIROGA

Músico fundador del grupo de rock Vox Dei.

«Treinta minutos de vida fue muy importante en los comienzos de un movimiento nuevo en Argentina que comenzó en los ’60. Moris fue uno de los compositores más prolíficos de esos momentos de apertura a un nuevo mundo musical.

Moris fue uno de los compositores más prolíficos de esos momentos de apertura a un nuevo mundo musical.

Son clásicos inolvidables de su autoría  “Ayer nomás” –de él y Pipo Lernoud-, “Pato trabaja en una carnicería”, “El oso”, una canción que cuando la escucho hoy en día me sigue emocionando, “Escúchame entre el ruido”, “De nada sirve”… En fin, ¿qué más puedo agregar sobre ese excelente álbum?».

Lolo Micucci. Foto: Facebook La Orquestonga

LOLO MICUCCI

Músico, compositor y productor que ha trabajado con Moris durante los últimos veinticinco años.

«Mi relación con Treinta minutos de vida es casi desde que tengo memoria, o sea desde niño, pero arranquemos desde la adolescencia, democracia temprana, con un Winco al palo al grito de «nunca el colegio siempre la vida», «empiezan a mirar el techo y en el techo no hay nada, hay solamente un techo”, “este país es grande y tiene libertad” o “era una noche sin luna y yo deje la ciudad”.

Podría cantar y tocar cada una de esas canciones, ¡y lo he hecho! Es que la vida me ha premiado con la amistad y la compañía musical de Moris durante los últimos veinticinco años, tiempo que he dirigido su banda y participado de casi todas sus grabaciones.

Volviendo a aquel primer disco, todavía hoy lo sigo redescubriendo. Hay un fervor, una energía, algo que trasciende el lenguaje musical explícito, una especie de síntesis de un tiempo donde todo estaba por hacerse. Confieso que me pasa lo mismo cuando escucho los primeros discos de Los Gatos o de Manal.

En el disco de Moris hay algo que trasciende el lenguaje musical explícito, una especie de síntesis de un tiempo donde todo estaba por hacerse.

Si pensamos tema por tema, todas son grandes canciones. Hasta “El piano de Olivos” evoca la lisergia más beatlera del “álbum blanco”, pero no treinta años después  sino apenas meses. Me resisto a la tentación de hablar tema por tema, pero corran a YouTube y pongan full álbum, ahí está todo dicho, no sobra ni falta nada. Se grabó en horas, con lo que había, letras pensadas, inspiradas, melodías y armonías cuidadas y sentidas, todas las condiciones para ser un disco clásico, tal vez y seguramente un disco eterno.

Cada vez que alguien quiera contar la historia de la canción argentina de los sesenta a hoy, tendrá que ir a buscar ese álbum, llevar otros más por supuesto de Litto, de Manal, de Almendra, y luego caminar por la calle Rivadavia o Pueyrredón hacia La Cueva. Recién ahí, tal vez, pueda evocar un tiempo donde la libertad y el sueño colectivo parecían inundarlo todo.

Moris dio todas las batallas necesarias para dejar bien en claro que lo de la canción argentina fue cosa seria y, como si fuera poco, dejó su documento fundacional: Treinta minutos de vida. Depende de nosotros y de los que vienen detrás continuar ese legado».