ROBERTO PIAZZA: “A los veinte no imaginé que hoy tendría una tienda en Madrid”

Texto: Pilar Muñoz. Fotos: JLV Producciones

Durante su estadía de dos meses en Buenos Aires, el diseñador argentino Roberto Piazza charló con Revista FlipAr sobre su reciente desembarco en Madrid, donde se mudó hace pocos meses, abrió su primera tienda en el exterior y presentó su colección “60 diamantes” a la alta sociedad española.

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: JLV Producciones

Además de ser uno de los diseñadores de alta costura más reconocidos de Argentina, Roberto Piazza es sinónimo de vanguardia, audacia y provocación. Con cuatro décadas de carrera en la industria de la moda, ha sabido ganarse un merecido lugar en el mundo del espectáculo, en el que se ha distinguido no sólo por sus creaciones fuera de serie sino también por su personalidad, sus polémicas declaraciones y su fuerte historia de vida.

Cansado de la inestabilidad del país, este año decidió ir a probar suerte a Madrid, donde abrió una tienda con su marido, Walter Vázquez, en el barrio de Justicia (Calle de Campoamor 10). En los pocos meses que lleva en España, ya hizo su primer desfile en la Embajada Argentina, donde presentó su colección “60 diamantes”, que alude a su edad recién cumplida y que fue bien recibida por las celebridades locales.

Por otro lado, la Asociación de Nuevos y Jóvenes Diseñadores Españoles reconoció su trayectoria dándole el Premio Nacional a la Moda PRENAMO 2019 y los principales medios nacionales se interesaron por su labor y le hicieron numerosas entrevistas.

—¿Cómo comenzó tu relación con España? Tengo entendido que una de tus primeras colecciones estuvo inspirada en el look gitano…

—En el año 1978 presenté «Gitano Look» en el Centro Español de Santa Fe de la Veracruz, donde yo nací. En ese momento se usaba la moda gypsy, que impuso Yves Saint Laurent y después impulsó Brigitte Bardot. Yo era un nene, tenía veinte o veintidós años y, obviamente, no tenía la más mínima idea de que ahora iba tener una filial en Madrid.

—¿Cómo surgió la idea de abrir una tienda allá?

—A Madrid viajé cerca de seis veces en mi vida y en este último tiempo ya me instalé definitivamente. Vendí una casaquinta que tenía acá en San Isidro, en Buenos Aires, y con ese dinero pusimos con mi cónyuge esta tienda de alta costura en Calle de Campoamor. Él ahora se queda durante julio y agosto, mientras yo me vine para Buenos Aires a atender mis escuelas y todo lo que tengo que hacer acá…

—¿Y qué te trae de vuelta al país?

—Me dejé mi maison en Belgrano, hasta que no mejore la situación económica del país no la pienso vender. Estoy allá y la extraño, es una casa maravillosa, un lujo que por ahora no podría tener en Madrid. Pero recién corté el teléfono con mi pareja y le dije: “La verdad que me iría mañana». Volví por dos meses y me arrepiento de haber estirado tanto el viaje, tendría que haber hecho todo en un mes. Ahora me la tengo que bancar porque ya tengo proyectos: un desfile de Señor Tango; otro de la colección 2020, que está inspirado en las reinas y se va a llamar “Joyas reales”; un recital en Café La Humedad, que es de mi padrino Cacho Castaña…

—¿Cómo te recibieron los españoles?

—Fui a Madrid y mi abogado conocía a alguien de la Cancillería Argentina, que dio la orden de que Ramón Puerta, el embajador, me recibiera como artista. Con Natalia Parridi, quien se encarga de los empresarios que van a España, organizamos un espectáculo de moda en la Embajada. Me prestaron la mansión entera, donde presenté mi colección el 16 de mayo, el día de mi cumpleaños, con Lisi Fracchia, la joyera de las reinas Letizia (España) y Máxima Zorreguieta (Holanda). Enseguida me hice muy amigo de varias condesas y marquesas, y me amadrinó la vizcondesa Maribel Ortiz de Garci-Grande, una persona muy respetada allá, a quien le consulto todo lo que hago.

—Allá tenés una agenda muy ocupada también…

—Desde septiembre hasta navidad tengo algo todos los meses. Mañana, por ejemplo, va a haber una producción en la cual yo no voy a poder estar pero en la que voy que vestir a las nueve mujeres viñateras más millonarias del mundo, para la tapa de una revista española muy top. La principal es la dueña de Tío Pepe, que es una diosa y es mi preferida. Tuve una prensa muy buena por ser la primera vez que hago un desfile para toda la nobleza y la élite madrileña; ahora están esperando a que haga el segundo. Me llamaron para ir a Marbella en septiembre, me dieron el PRENAMO… Es muy gracioso porque a mí en Argentina nunca me dieron un premio de nada, y allá ya me dieron el que todo el mundo desea.

—¿Cómo describirías a la mujer española y a la madrileña en particular? ¿En qué creés que se diferencia de la argentina?

—Cuando la ves por la calle, si no oís el acento, no distinguís si es argentina o española. Físicamente se parecen mucho porque acá en Argentina somos un crisol de razas. Pero la mujer española tiene una virtud y un defecto: la virtud es que está en el centro de la cultura mundial y allá uno se permite lucir cosas. Pero, a mi criterio, le falta un poco de riesgo, ese que tiene la francesa, la italiana o la inglesa. Yo como italiano soy más arriesgado a la hora de ponerme un vestido o de diseñar. La mujer española en un momento tuvo eso y después, con toda la represión que hubo con Franco, perdió un poco ese glam que ahora la nueva generación está recuperando de a poco.

—¿Y qué le parece tu ropa a esa mujer española?

—Con la tienda que puse están fascinadas, cuando armo los escaparates pongo ropa que «¡Wow!», es como too much. Quizás vienen a buscar un vestido y dicen: “Quiero lo mismo pero que no tenga brillo porque es para una boda al mediodía». Yo les respondo: “Pero escuchame, la ropa con lujos se está usando en todo el mundo; pues bien tía, si te vistes al mediodía vístete como se visten las grandes mujeres». Lo que pasa es que no se arriesgan, tienen miedo al qué dirán. Acá en Argentina también pasa pero, con la crisis que hay, no se visten ni se desvisten: acá todo es un caos.

—¿Cuáles son tus planes preferidos cuando estás en Madrid?

—España es un país que tiene mucha alegría, mucha diversión, mucho color, mucha libertad. Yo allá me siento libre, no tengo miedo, ando por la calle, salgo. Vivo en Calle de Campoamor y hay cinco bares cerca; en la esquina hay uno de jazz que es brutal. Ya los miércoles y jueves son las tres o cuatro de la mañana y es un quilombo de ruidos, música y gente que baila, que grita, que canta; pero no se escucha una pelea, un insulto ni nada. Yo acá en Argentina estoy metido en mi casa y no salgo. Tengo una invitación para ir a una obra de teatro y no voy porque tengo frío, porque tengo miedo, porque es en San Telmo, porque es tarde. Te acobarda, vivimos paranoicos. A mí me robaron nueve veces.

—Además de arriesgarte y nunca ir a lo seguro, fuiste uno de los pioneros en el tema de la inclusión en la alta costura y siempre rompiste los esquemas eligiendo a modelos que salían de los patrones estéticos. ¿A qué celebridades españolas te gustaría vestir, que quizás salgan de los estándares instalados?

—Donde más trabajé fue en Argentina, durante 45 años, y también trabajé mucho en Hollywood. Y en la mayoría de las cosas fui el primero: en poner travestis, transexuales, gordas híper obesas, ancianas, mujeres grandes… Hay muchas mujeres maravillosas a las cuales me gustaría vestir: a Carmen Lomana, que estuvo en mi desfile y le gustó; a Ana Belén, que me parece maravillosa; a la Pantoja, que está siempre en quilombos pero me encanta; a Lolita… Y, obviamente, me encantaría que tanto Sofía como Letizia tuvieran alguna prenda mía. Ya les mandé una carta a cada una ofreciéndoles mis servicios, pero no quiero volverme loco como me volví en Argentina cuando tenía veinte años, te estresa demasiado. Hoy quiero estar más en paz, la fama es una amiga bastante infiel.

—Puede decirse que estás pasando por un muy buen momento…

—Debo agradecer a Dios porque, con tanto sacrificio, en un país como en el que estamos y con un euro altísimo, pude instalar mi tienda. Ahora voy a hacer todo lo que tengo que hacer acá y allá en Madrid iremos haciendo las cosas con tranquilidad y esquivando, porque gente buena hay mucha pero gente mala también hay en todo el mundo, no es patrimonio nacional. A la gente con mala energía, como al toro: «Ole, ole». Soy un tipo grande y estoy de vuelta, ahora no me vendés espejitos de colores tan fácilmente. Aunque estoy bárbaro y me conservo muy bien, tengo sesenta años. Lo bueno es que allá te llaman; no es como acá, que no te llaman ni para saludarte.