Daniel Melingo, cantante y multinstrumentista argentino, habló con Revista FlipAr acerca de su disco Oasis (2020), que completa la trilogía iniciada con Linyera (2014) y Anda (2016), de sus invitados –de Andrés Calamaro al escritor Enrique Symns-, de su relación con el público europeo y de su concepción de la música.
Texto: Christian Alliana
Fotos: gentileza de prensa (Charco)

Seguramente existan tantas maneras de entender el arte como personas haya en el mundo. Sin embargo, a grandes rasgos, se podría dividir a la música en dos grandes intenciones: una que sólo busca un entretenimiento pasatista y otra que procura profundizar un poco más allá y ofrecerle al oyente una expansión emotiva-mental. En este último grupo podríamos ubicar a Daniel Melingo, artista camaleónico e inclasificable que, a través de sus discos, ofrece un itinerario nada lineal en el que uno puede entrar, curiosear, salir y volver a entrar para encontrar algo diferente siempre.
“Si bien es importante sorprender a la audiencia, no menos importante es la metodología con la cual trabajo”, dice el músico argentino desde el teclado de su ordenador en algún punto de este confinado planeta, y explica: “Aunque conozco los elementos a tratar en la hibridación, necesito ser sorprendido por mí mismo en esa búsqueda e investigación, la cual me dará un resultado que yo mismo no esperaba”.
Aunque conozco los elementos a tratar en la hibridación, necesito ser sorprendido por mí mismo en esa búsqueda e investigación.
Es que, en Oasis (2020), el álbum que cierra la trilogía iniciada con El Linyera (2014) y seguida por Anda (2016), Daniel Melingo asombra con la mixtura de elementos electrónicos junto con el tango y el rebético, un género musical griego de origen portuario y marginal. “En el disco intento maridar estas culturas entre las que encuentro tantas similitudes, incluyendo también sus ritmos, timbres e instrumentos”, explica acerca de estas dos músicas de “resistencia casi folclórica”, el tango y el rebético, que se caracterizan por su rebeldía originaria.
Según revela, ese universo musical lo toca de cerca: “Tanto mis abuelos maternos, del Barrio Parque Patricios de Buenos Aires –gente de tango, escritores, bailarines, milongueros-, como los paternos –de raíz griega y yugoslava, nacidos en Trieste-, vinieron en los barcos, encerrando esa melancolía que caracteriza a la gente que deja su terruño y se instala definitivamente en otra cultura”.
Tanto mis abuelos maternos como los paternos vinieron en los barcos, encerrando esa melancolía que caracteriza a la gente que deja su terruño.

En trece temas, el ex Abuelos de la Nada hace un viaje a través de los mares y las ensoñaciones de El Linyera, el protagonista de esta obra, que en el camino se topa con otros compañeros –y no tanto- de aventuras. Allí están su viejo camarada Andrés Calamaro, el escritor Enrique Symns, el poeta Fernando Noy y el músico italiano Vinicio Capossela para darles vida a todos ellos.
“Los invitados son pares míos, entrañables artistas y amigos que me inspiraron a escribir cada uno de los personajes en compañía de Rodolfo Palacios –co-guionista junto al director Luis Ortega de la película El Ángel– y, así, se fueron retroalimentando hasta llegar a tomar vida en esta leyenda que, si bien parece un cuento, tiene mucho de biográfico”, cuenta Daniel Melingo.
Consultado por la sorprendente resignificación que toma el monólogo de Symns (“Soy un virus”) en tiempos de COVID-19, agrega entusiasta: “Su acto revelador a modo de epifanía no nos deja de sorprender, aunque las anticipaciones de un devenir son moneda corriente para un poeta de la talla de Enrique, que en este fantástico monólogo demuestra a las claras ser único”.
Las anticipaciones de un devenir son moneda corriente para un poeta de la talla de Enrique Symns.
Tal fue compromiso de los invitados que la obra de Daniel Melingo inspiró a Calamaro para un track de su material publicado en 2018. Así lo cuenta el también ex saxofonista de Charly García: “Andrés quedó fascinado después de grabar ‘El Blues Rebétiko de 7 Vidas’, meses antes de la salida de su disco, y esa misma noche me llamó para leerme la continuación y adaptación que había realizado del tema”. Si bien al oírlo terminado Daniel se encontró con una música diametralmente opuesta a la suya, reconoció en el “Siete vidas” de Cargar la suerte una letra inspirada en la trama original.
Andrés quedó fascinado después de grabar «El Blues Rebétiko de 7 Vidas» y esa misma noche me llamó para leerme la continuación y adaptación que había realizado del tema.
Con un futuro repleto de proyectos que se desprenden de su argumento y que incluyen un libro, un documental y hasta una ópera, Oasis se puede escuchar al estilo de los vinilos, dividido en Lado A y Lado B, en las plataformas digitales. ¿Romanticismo o practicidad? “Oasis está pensado en duración como un vinilo de treinta y ocho minutos y está subido a las redes en forma de Lado A y Lado B, aunque también lo podemos encontrar en plataformas tema por tema”, aclara el músico argentino, y añade: “Las canciones están pensadas de las dos maneras, como temas separados y con vida propia, pero también como obra conceptual, la cual es recomendable escuchar de corrido”.
A la espera de la nueva normalidad, Daniel Melingo está expectante por retomar la actividad en vivo, lo que incluye una gira por Europa. “Ya hace casi veinte años que toco allá para públicos locales y bien predispuestos hacia mi propuesta musical, que saben que lo que van a ver y escuchar excede toda normalidad y nacionalidad”, sostiene, y concluye: “Así debería ser la música, un gran país sin fronteras o un continente desalambrado en busca de su identidad universal”.
La música debería ser un gran país sin fronteras o un continente desalambrado en busca de su identidad universal.


