Fabiana Cantilo

FABIANA CANTILO: “Creo que hay mucho dinero en juego, mucho poder y mucha mierda, pero los seres de luz nos están asistiendo”

Fabiana Cantilo es una de las voces femeninas más importantes del rock argentino y una artista que no se guarda nada. Después de sus dos nominaciones a los Premios Gardel por Cuna de piedra (2019), y antes de su próximo concierto en streaming, habló con Revista FlipAr sobre la pandemia, el trap, su primer disco autoproducido, la lucha feminista y sus años al lado de Charly García y de Fito Paez.

Texto: Pilar Muñoz
Foto: Bárbara Márquez

A Fabiana Cantilo las palabras le salen como a borbotones. Atiende la llamada telefónica al volante, de camino a su sesión en la cámara hiperbárica –tratamiento que, entre otras ventajas, estimula el sistema inmunológico- y, durante treinta minutos, habla sin pausa.

A cada rato, la cantante dispara picantes declaraciones, dignas de llevarse el titular de la nota, que dejan ver su espíritu revolucionario. Sin embargo, los años convulsivos parecen haber quedado atrás. En las últimas décadas, su ajetreado estilo de vida en el mundo del rocanrol vernáculo, al lado de superestrellas, se fue apaciguando con clases de budismo, meditación y medicinas alternativas.

Además de una nutrida carrera solista, a lo largo de sus cuarenta años de trayectoria, Fabiana Cantilo integró el colectivo performático de mujeres Las Bay Biscuits, fue la primera vocalista femenina de Los Twist –uno de los grupos que, en los ochenta, impulsaron el “Nuevo Rock Argentino”- e hizo coros para Charly García, Fito Paez y Luis Alberto Spinetta.

Hoy, centrada en su música y en su propio bienestar, la artista continúa promocionando Cuna de piedra (2019), su primer disco autoproducido, que en septiembre pasado obtuvo dos nominaciones en los Premios Gardel –a Mejor Álbum Artista de Rock y a Canción del Año, por “Luna”-.

Se trata de once temas ejecutados con instrumentos celtas que, sin querer, remiten a sus ancestros –“después me di cuenta de que, por el lado de los Cantilo y de los Pueyrredón, vengo de los escoceses, pero lo celta se me ocurrió porque siempre juego a que soy druida”- y que están afinados en 432 Hz.

“Con todo este despelote, lo único que puedo decir con respecto a salvarnos de la pandemia es afinar en 432”, asegura, e incita: “Googleen, busquen, es la única forma de zafar de esta locura”. Sin embargo, más tarde también recomendará plantas medicinales para preservarse y prácticas espirituales para elevar la energía.

“Hay gente muy oscura a la que le interesa que se muera la gente, esto fue digitado para eliminar parte de la población mundial”, dirá Fabiana Cantilo, descreída de las voces oficiales, y agregará: “El virus está y nos tenemos que cuidar, pero hay muchas más formas de curarlo que no están diciendo”.

Este año tenías programada una gira por España para mayo/junio, que debió cancelarse por el Coronavirus. ¿Cómo es tu relación con el público español?

—No tengo relación porque fui de gira sólo una vez, pero hice de las mías: me disfracé, me cambié, los hice reír. Una vez me invitó Maradona y fui un par de veces más, pero no conozco mucho más. Creo que de Europa no visité más que España. Pero igual tuve como una sensación de paz cuando me dijeron que venía la pandemia, porque sé que es el fin de lo malo, aunque nos cueste la vida a algunos.

Tuve como una sensación de paz cuando me dijeron que venía la pandemia, porque sé que es el fin de lo malo.

Después de haber vivido una juventud muy intensa, en el último tiempo te has mostrado públicamente en armonía con vos misma y muy conectada con el Universo y sus mensajes. ¿Creés que esta pandemia nos va a enseñar algo?

—Este planeta es un planeta escuela y yo ya sé que vine a hacer servicio. La reencarnación tiene que ver con tratar de ser mejor persona en cada vida, pero hay gente que lo hace cada vez peor, entonces se queda pegado y empantanado en ese planeta, en ese level. Yo entendí, después de mucha terapia, que hay que subir la vibración y hay que ser mejor persona: hacer servicio, por supuesto no drogarse, y un montón de cosas. La pandemia me agarró bastante sabia. Hacia uno viene la energía que uno genera: si quieren que les vaya bien, piensen bien, si no jódanse. Yo si pierdo la llave me agarra un ataque de bronca, todavía tengo que pulir muchísimo, pero aprendí un montón porque hice veinte años budismo y hago yoga y meditación.

¿Y de qué manera la cuarentena afectó tu vida cotidiana?

—Vivo en las afueras y no me molesta estar en mi casa, con mis gatas, en paz. La gente me pone nerviosa, soy bastante encerreitor, ¿viste? Todas las actividades, menos ahora que estoy yendo a la cámara hiperbárica, las hago online: entreno, hago canto, nunca paré de hacer nada. El hecho de no tener que agarrar Panamericana para ir al centro está buenísimo para mí. Vivo en una casita bastante humilde pero me gusta vivir afuera, no me gusta la ciudad, no me gusta tanto la gente. Tengo que hacer mi trabajo, que se convirtió en un trabajo sin buscarlo, y tengo que hacerme cargo de que soy una servidora pública, entonces tampoco puedo decir cualquier cosa, pero sé un montón de cosas. No las voy a decir porque no tengo ganas de que me maten, pero creo que hay mucho dinero en juego, mucho poder y mucha mierda. Y también hay mucha luz, fe y esperanza, porque los seres de luz nos están asistiendo. Lo digo para el que quiera creer, el que piense que estoy loca no me importa nada.

No me molesta estar en mi casa, con mis gatas, en paz. La gente me pone nerviosa, soy bastante encerreitor.

Con tu música en vivo, a través de los conciertos en streaming que estás haciendo, de alguna manera ayudás a la gente a entretenerse y a mantener la calma…

—Sí, como siempre, por suerte no lograron deprimirme. Ahora tengo un streaming el 22 de octubre que va a estar buenísimo porque hay un mensaje. Siempre hago escenografías y esta vez pude contratar a Bruno Giudice para las luces. Es en un teatrito, entonces es completamente diferente al anterior, que éramos una banda vestida de vikingos. Ahora hay un touch celta pero además hay otras cosas. Voy a tocar tango y folklore, creo que los argentinos tenemos que tocar más folklore pero no lo mismo de siempre, hay que modernizarlo. Ojalá pueda sacar un par de sonrisas, esa es mi labor, para que no tengan miedo, porque el miedo es el que te baja las defensas.

Se nota que sos una mujer jovial, que se mantiene activa y con una mentalidad muy abierta. ¿Cómo ves la escena actual y la nueva camada de referentes musicales? ¿Creés que los traperos son los nuevos rockstars?

—Seguramente son rockstars, pero eso es lo que menos importa. Lo importante es la conciencia que tengan ellos de la llegada que tienen. Ser rockstar o ser político, ser ingeniero, ser albañil o ser médico es lo mismo, lo importante es lo que vos hagas con eso. Si sos un rockstar y sos un pelotudo, ojalá que no seas rockstar, porque hay mucha gente que te va a escuchar y va a seguir tu ejemplo. Así que si no tienen buena onda que no lo sean, y si lo son qué sé yo, que se los lleve puestos un tsunami. No a los nuevos valores, que no sé quiénes son. Para mí los nuevos valores son otros, para mí el nuevo valor va a ser una nueva Soledad, una persona que cante folklore o tango. Los chicos estos son muy piolas y todos mis respetos, pero no escucho trap. Wos me gusta porque tiene melodías y letras piolas, lo que me parece es que no es nada nuevo, porque es lo mismo que el rap, no entiendo bien la diferencia. Igual está buenísimo que se expresen. Yo sigo escuchando la misma música de siempre: Stevie Wonders, Beatles, Oasis, Lisandro Aristimuño…

Para mí el nuevo valor va a ser una nueva Soledad, una persona que cante folklore o tango, no trap.

Tras muchos años delegando la producción de tu música a otros grandes artistas, en Cuna de piedra te ocupaste vos misma de ese trabajo. ¿Cómo te sentiste?

—Sí, no me di cuenta antes, qué boluda. Estaba harta de que me discutieran todo. Habíamos empezado el proyecto con Ezequiel Borra y cuando se me ocurrió lo de los celtas y vi que estaba la posibilidad de que me dijeran no, dije: “Paren, ya estoy grande, muy lindo todo pero voy a seguir yo”. Tenía que seguir sola porque no soy buena discutiendo, soy medio violenta e iba a terminar todo en una pelea horrible, entonces dije: “Lo hago yo sola”. ¡Como si fuera tan raro! ¿Viste que una es tipodependiente, que está pendiente del otro, de que no se enoje y no sé qué? Fuck them! Y una vez que lo hacés, a todas las mujeres les digo, una vez que das el primer paso, que es «no», ya está. No estás haciéndole mal a nadie. Hay que hacer lo que uno quiere cuando es de uno, ¿por qué le tengo que pedir permiso a alguien si es mi disco, mi vida, mi orto? Estoy enojada con tanta cosa impuesta a todo nivel, pero no tengo que estar enojada porque ahí pierdo también: el que se enoja pierde.

Estoy enojada con tanta cosa impuesta a todo nivel, pero no tengo que estar enojada porque ahí pierdo también.

¿Cuánto tuvo que ver en esto la lucha y el despertar feminista en la sociedad, que te hizo ver que vos podías con todo si te lo proponías?

—Tuvo que ver. Justo estoy mirando una serie buenísima, Mrs. America (2020), en la que Cate Blanchett representa a la mujer súper conservadora de los setenta y le hace la contra a las que piden el aborto libre y gratuito en Estados Unidos. Esto no es nuevo, siempre las mujeres se levantaron para pedir su lugar. Siendo mujer podés hacer de todo: tener hijos, trabajar, podés elegir. “La” tierra… ¡La tierra es femenina, viejo!

¿Y cómo se vive esta lucha dentro del ambiente musical?

—Yo no necesito pelear para tener mi lugar porque mi lugar lo tengo. En la música las mujeres siempre tuvimos un lugar. Puede ser que en Latinoamérica haya más machismo, pero la verdad es que yo no lo sufrí. Me sentía muy segura de lo que hacía y era bien recibida por Charly, por Fito, por Pedro Aznar, por todos estos músicos que me consideraban talentosa. Lo que me jugó en contra a mí fue la autoestima baja, por mis rollos. No hay que adjudicarle a otro el rollo de la autoestima baja de uno.

En la música las mujeres siempre tuvimos un lugar. Puede ser que en Latinoamérica haya más machismo, pero yo no lo sufrí.

Siempre destacás a Charly García como uno de tus grandes maestros. ¿Qué te enseñó en esos años de trabajo compartidos?

—Se potencializaron cosas. Yo toco la guitarra y canto desde los seis o siete años, estudié Bellas Artes y soy artista plástica. Es más famoso, pero yo tenía lo mío. Por algo me vio, y yo lo vi a él. Lo que aprendí fue a componer. Bah, a rearmar sonidos porque, como dijo Charly: “Componer, componía Bach, Beethoven”. Nosotros emulamos a los Beatles y a los negros de los setenta. Pero bueno, Charly me enseñó cómo hacerlo.

¿Y Fito?

—Viviendo con Fito entendí cómo era un adicto al trabajo y aprendí un poco de la escritura, aunque yo también soy una persona que escribe y lee mucho. Estuve con gente que tenía mucho éxito, más que yo, porque yo soy un poco vaga. Los veía actuar y nadar en las aguas de los superstars, y yo a eso soy un poco fóbica, pero bueno, son leyendas. Miré su ego, su no-ego, aprendí un montón de cosas. Yo ahora elijo ser una referente con mi ejemplo, tengo que cuidar mucho lo que hago y lo que digo. Si estás en la mirilla, tenés que dar un buen ejemplo. Si no se te va a venir un karma en contra que te encargo…

A Charly y a Fito los veía actuar y nadar en las aguas de los superstars, y yo a eso soy un poco fóbica, pero bueno, son leyendas.

Estar en la arena pública conlleva esa responsabilidad pero también posibilita el reconocimiento de la gente…

—No es positivo el reconocimiento de la gente. Te encargo, eh, después las preguntas son a nivel policial. No tengo plata porque me la gasté, entonces tengo que seguir trabajando, si no estaría en un monte, me hubiese ido hace rato. Pero tengo que laburar, te juro por Dios. A mí no me divierte tanto, me fui de Los Twist, me fui de Charly, soy un poco fóbica. Y además soy muy espiritual…

 


“Ya sé qué hacer con mi voz”, el próximo concierto en streaming de Fabiana Cantilo en formato dúo junto al guitarrista Darío Casciaro y músicos invitados, será el jueves 22 de octubre a las 21:00 (ARG) / 02:00 (ESP), a puertas cerradas desde el Teatro Premier (Buenos Aires). Las entradas están a la venta aquí.