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Una noche sin luna

Una noche sin luna: Juan Diego Botto revive a Federico García Lorca

El sábado 9 de enero, en el marco del 38 Festival de Teatro de Málaga, el actor argentino-español Juan Diego Botto presentó su unipersonal Una noche sin luna, en el prestigioso Teatro Cervantes. Revista FlipAr disfrutó de la pieza, que aborda de forma peculiar la vida de Federico García Lorca, y ahora lo comparte con sus lectores.

Texto: Camila Ramos
Fotos: marcosGpuntoUna noche sin luna

El telón se abre… o quizás no. ¿Cómo sería acaso la mejor manera de iniciar una obra sobre Lorca? Sin lugar a duda, Juan Diego Botto lo sabe. Sin embargo, no es posible revelarlo en esta nota, se aniquilaría el efecto sorpresa de dicha apertura y, con él, el mensaje que los artesanos de esta pieza quieren dar al espectador.

Lo que sí se puede compartir es que, de principio a fin, el personaje principal en escena será uno ‒Federico García Lorca‒, que no habrá entradas ni salidas del mismo, así como tampoco grandes cambios de vestuario. Sin embargo, a pesar de lo simple que suena el panorama, una vez que Botto comienza el ritual llamado representación y capta la atención de su público, no la soltará hasta el epílogo.

Una premisa inicial atraviesa Una noche sin luna de forma transversal: el teatro no es sólo una actividad para distraerse, tiene que hacernos pensar y debe ser capaz de conmovernos, como la vida misma lo hace. De allí, surgirá un interrogante en la mente del protagonista, quien lo compartirá con los espectadores para que en sus cabezas siga dando vueltas: “¿Cómo llevar un cielo estrellado al teatro?”. Para poder responder o, mejor dicho, para comprender el por qué Lorca se hace esa pregunta, es necesario recuperar su historia, así como la evolución de sus ideas.

De esta manera, Botto conduce al público por los vericuetos de la vida del escritor en primera persona. Se conocerá su paso por la residencia de estudiantes, aquello que ocurrió en una charla de Aragón, algunos versos de su famoso Romancero gitano (1928), el estreno fallido de su obra Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1929), su papel en el grupo teatral La Barraca, las situaciones que lo hicieron el futuro blanco del régimen franquista, su última entrevista, su fusilamiento…

Sin embargo, lo más importante en el viaje no serán los hechos históricos en sí, acumulados como datos censales, sino las convicciones del teatrista, que se manifestarán en sus creaciones artísticas y en sus decisiones personales. Convicciones que viajarán en el tiempo y desafiarán a los espectadores de la obra, funcionando como un espejo ante la sociedad actual. ¿Acaso ha revolucionado, realmente, nuestra forma de pensar?

Una noche sin luna

El abandono a los sectores más vulnerables, la discriminación hacia quien “es diferente”, el prejuicio y la violencia que existe sobre la homosexualidad y las mujeres, el peligro de olvidar quiénes somos como pueblo… ¿Es la época de Lorca tan distinta a la de hoy en día? Todo esto cuestiona ese único actor desde el tablado, principalmente desde la piel de un Lorca que cree en un mundo mejor, aunque también habrá momentos en que el personaje cederá su voz a quienes lo critican.

Para ello, Botto sólo se abastecerá de un escenario de madera, el cual poco a poco se transformará en un espacio de juego metafórico. Distintos objetos irán apareciendo dentro de él, así como las memorias del protagonista serán desempolvadas y expuestas al público. A su vez, este último no podrá permanecer pasivo ante los recuerdos, el protagonista reclamará su participación. Y si el auditorio ama el arte, como demuestra con su presencia en la obra, debe participar, pero sino Botto lo logrará con la veracidad y la vehemencia de su actuación.

Lentamente, el final de Una noche sin luna se acerca y la muerte ya anunciada se aproxima. La crítica de un supuesto espectador indignado con los mensajes subliminales que hay en las obras de Lorca será la antesala para la futura detención del escritor. Lorca se defiende, intenta mostrarle la belleza de la humanidad sobre todas las cosas, pero el hombre se niega a escuchar. Luego, inevitablemente, llega la historia del fusilamiento y, en ese momento, se comprende el título de la obra.

Tras la muerte del protagonista, apagón total. Una sensación amarga queda en la boca pero la excelente actuación de Botto hace estallar al auditorio en aplausos. Sin embargo, un epílogo algo agridulce se abre paso entre la oscuridad y, a pesar de su contenido trágico, deja en el público la sensación de que aún hay esperanza.

Para cerrar, es necesario rescatar una pregunta que el Lorca resucitado por Botto se hace ante los abusos que existen sobre la vulnerabilidad de las personas: “¿Cómo no se quiebra el equilibrio del mundo ante estos actos?”. En ese interrogante se sintetiza al gran personaje que logra construir el actor argentino-español sobre el escenario, en esta obra escrita por el propio Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris˗Mencheta.

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