El Coronavirus en Barcelona, según la mirada de Kristal Piatti

Cuando en España la situación sanitaria empezó a ponerse complicada, nuestra colaboradora Kristal Piatti, fotógrafa argentina radicada en Barcelona, comenzó a retratar la realidad que se vivía en las calles catalanas y a escribir un diario que hoy comparte con Revista FlipAr.

Texto y fotos: Kristal Piatti

Viernes 13 de marzo de 2020

Hay estado de alerta y se le pide a la población que se quede en sus casas, pero los comercios todavía siguen abiertos. La gente va a los supermercados y las góndolas se vacían rápidamente, sobre todo las de frutas, verduras, productos congelados, carnes y también las de productos de higiene –papel, jabón y alcohol-.

Muchos turistas siguen con su rutina habitual. Hay tours, bici-taxis y muchas personas tomando cerveza en los bares que parecen no darle importancia a la declaración de pandemia y al rápido crecimiento del número de contagios en España. La cercanía física no se ve alterada.

Sábado 14 de marzo de 2020

Si bien la mayoría de los comercios barceloneses están cerrados, mercados como La Boquería permanecen abiertos y con grandes concentraciones de gente. En las calles sí se nota mucho menos movimiento, aunque en las ramblas se ven varias personas circulando. Otras, ya en cuarentenas voluntarias, observan desde sus balcones.

La contaminación sonora desapareció casi por completo. Los autos, buses y subtes circulan con menos frecuencia. Por primera vez se escuchan los pajaritos en Barcelona. Los puntos turísticos ofrecen un paisaje diferente al habitual: poca gente y, la mayoría, con barbijo. La sonrisa para la típica foto, ahora, se percibe en los ojos.

En las inmediaciones de la plaza Sant Jaume, un cartel llama la atención de los escasos transeúntes. El colectivo de arte urbano TvBoy, encabezado por el siciliano Salvatore Benintende, dejó en el paisaje urbano una obra titulada “Divided we stand, united we fall” (“Divididos aguantamos, unidos caemos”), en la que reversiona al famoso Tío Sam, con máscara y la bandera de la Unión Europea estampada en el sombrero. Su consigna ahora es “I want you to stay home” (“Quiero que te quedes en casa”).

Hay muchos fotógrafos documentando estas escenas paradójicas y casi apocalípticas. Mucha gente con el diario en la mano, con versiones y teorías de todo tipo. Mucha gente caminando con bolsas de supermercado y rollos de papel higiénico.

Y, en un mundo paralelo que muchos prefieren no mirar, o en todo caso olvidar, hay mucha gente durmiendo y pidiendo en la calle, muchos migrantes en situación irregular. Quedarse en casa no debería ser un privilegio de clase y este virus no es lo único que mata. Lo que debería contagiarse así de fácil y rápido en el mundo entero es la empatía y la justicia social.

Domingo 15 de marzo de 2020

Ya no queda casi nadie en las calles. La policía da vueltas, avisando con megáfono que hay que quedarse adentro. Se habla de multas que van de los seiscientos a los treinta mil euros para quienes no cumplen. Hay incluso penas de cárcel. Se puede circular con algunos justificativos, como ir al supermercado, a la farmacia, o a pasear al perro. En todos los sitios se pide mantener distancias de un metro y varios comercios marcan una línea en el suelo para ser estrictos con el cuidado. Algunas tiendas, incluso, piden que todos los clientes se pongan guantes antes de entrar.

Lunes 16 y martes 17 de marzo de 2020

La gente ya no sale. Algunos cumplen el decreto por responsabilidad social; otros, por miedo a las multas y penas. Los trabajadores de sistemas de salud, farmacias, supermercados y basureros seguramente quisieran tener la opción de quedarse en casa, pero tienen que seguir trabajando. Ahora, más expuestos y exigidos que nunca. Cada día, a las ocho de la noche, los vecinos se asoman a ventanas, balcones y terrazas y aplauden, como un reconocimiento a la labor de todos ellos.

En los medios de comunicación comienza a circular la noticia de que hay muchos casos de COVID-19 y enfatizan en que es importante no moverse y en que, si no es por motivos realmente necesarios, la gente no se acerque a los hospitales, que disponen ahora de consultas médicas telefónicas.

Desde sus casas, la gente empieza a manifestarse de diferentes formas. Algunos eligen salir al balcón a tocar un instrumento, mientras otros se suman desde ventanas vecinas. El arte demuestra en estos momentos lo imprescindible que es para la humanidad. Además de entretener, sana y salva. ¿Qué pasaría si no existiesen todas esas personas que trabajan para que el resto pueda sentarse y, a través de una producción artística, meterse en otras realidades y desconectarse el cerebro, aunque sea por un rato?