Guadalupe Álvarez Luchía

GUADALUPE ÁLVAREZ LUCHÍA: “La cultura madrileña es una especie de líquido contrastante que me permite ser libre”

Guadalupe Álvarez Luchía lanzó recientemente “Dos casas blancas y un tanque de agua”, un sencillo en el que colabora Julián Kartún (El Kuelgue). La música argentina residente en Madrid habló con Revista FlipAr sobre su proyecto, sus influencias artísticas, su próximo disco y sus procesos creativos.

Texto: Yanet Ingravallo

Una canción puede remitir a múltiples sentimientos y vivencias, no sólo por sus melodías o sus letras sino también por cómo se muestra ante el mundo. “Dos casas blancas y un tanque de agua” es el sencillo que presenta la música argentina Guadalupe Álvarez Luchía junto con Julián Kartún (El Kuelgue) y que transporta a días de playa y anécdotas de la infancia.

La frescura de la canción se representa también en el arte de tapa, que hace referencia a la costa argentina. La artista Irene Macarro ilustró un tanque de agua, dos casas blancas y una mujer caminando de la mano de una niña. “La canción habla de esa playa, quería que la portada fuera un cuadro de una foto con mi hija y mi hermana allí”, explica Guadalupe desde Madrid.

Lo admirable de su sonido tiene raíces en las influencias musicales provenientes de Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, las melodías de Charly García, e incluso Paul McCartney y las guitarras de la banda inglesa Joy Division. Guadalupe Álvarez Luchía adopta todo ese universo de estilos variados y lo lleva a cabo en su propio proyecto solista.

Residís en Madrid desde hace más de diez años, ¿en qué momento de tu vida estabas cuando decidiste irte de Argentina?

—Estaba en el momento previo a la independencia. Recién había grabado un disco, me fui de viaje a España con una amiga, me enamoré y me quedé.

¿Qué tanto te influye la cultura madrileña?

—Influye como generadora de perspectiva con respecto a mi propia cultura como argentina, de la cual estoy absolutamente impregnada. La cultura madrileña es una especie de líquido contrastante que me permite ser libre. Acá estoy descontextualizada y eso en cierta forma me ubica en un lugar, más aun haciendo música de raíz, que es lo que fluye dentro de mi futuro nuevo disco.

La cultura madrileña Influye como generadora de perspectiva con respecto a mi propia cultura como argentina, de la cual estoy absolutamente impregnada.

Lanzaste “Dos casas blancas y un tanque de agua” con colaboración de Julián Kartún, ¿cómo fue la elección del tema y trabajar con él?

—Nos conocimos hace poco y pegamos onda. Es una persona divina, y el proceso fue muy fácil y fluido. Cantó la canción desde su casa en un período de confinamiento fuerte en ambos países, y la llenó de frescura. Hay algo irreverente en su manera de cantar que me gusta mucho y eso le vino genial al tema.

¿Qué buscabas transmitir con la canción?

—Si soy sincera, no sé si busqué algo. Pero, en este proceso de composición, quería que las canciones llevaran a lugares inesperados, y compuse eso con la mente. Este sencillo en particular parece que termina y luego viene la coda, y eso es algo que dejé que sucediera. La composición, la portada y la decisión del título que completa la idea del sencillo, es un proceso, un viaje, que si hay suerte te lleva a algún sitio. El mío es esa playa.

En este proceso de composición, quería que las canciones llevaran a lugares inesperados, y compuse eso con la mente.

¿Cómo llegaste a optar por Irene Macarro para el arte de tapa?

—Me gusta mucho lo que hace, quería trabajar con una pintora para esta portada y hace tiempo que vengo queriendo hacer algo con ella. Me interesaba su visión como creadora desde la pintura y su relación con la música. Quería que el nombre de la canción fuera el epígrafe del cuadro que pintaría Irene, por eso esperé a que ella lo terminara.

También presentaste “La herida en la lengua” como primer adelanto de tu futuro álbum, ¿qué podés contar sobre lo que se viene?

—Son diez canciones hechas una tras otra con un nivel de deseo heavy. Están en el marco del folclore argentino pero atravesadas por sintetizadores, loops y distorsión. Cada una se empareja con otra disciplina artística, algunas con la pintura, otras con la danza, con el teatro, lo transmedia y la fotografía. Todo es en pos de descontextualizarlas para que adquieran un lenguaje propio. Son una especie de gestos poéticos, diez gestos poéticos, en la medida de lo posible.

Las canciones del próximo disco están en el marco del folclore argentino pero atravesadas por sintetizadores, loops y distorsión.

¿Cómo fue el proceso compositivo y creativo?

—Las compuse, grabé y produje en mi terraza en dos meses de confinamiento. Casi todas fueron grabadas por las mañanas con mi hija dando vueltas entre las plantas, con lo cual hay poca rigidez pero resultan un conjunto bastante sólido. Participaron grandes amigxs musicxs: Toni Brunet ha sido una pieza esencial, Nacho Mateu en algunos bajos, Lucas Piedra Cueva en algunas baterías, Carolina de La Muela en un piano precioso, Julia Ortiz de Perotá Chingó, Julián Kartún y Darío Sztajnszrajber, que cierra una canción conmigo.

¿Cuáles fueron tus mayores influencias a la hora de componer?

—Si tuviera que detenerme en el proceso de la composición y decir canciones, voces o melodías que me vienen a la mente, creo que las que más se repiten serían: Charly García (en casi todo), la libertad en las estructuras de Joni Mitchell, las imágenes de las letras del Flaco Spinetta y la manera de decir de la Negra Sosa. También, cuando escucho coros, se me viene Paul McCartney y el disco Ram (1971), cuando grabo un solo de guitarra pienso en Joy Division. Es un desdoblamiento y un universo variado.

¿Y qué bandas o artistas, tanto argentinos como españoles, escuchás con frecuencia y te identifican?

—Escucho mucho a El Mató a un Policía Motorizado, a Juana Molina, Charly García desde siempre, Mercedes Sosa. De España, disfruto el flamenco de Camarón a morir, y de artistas más contemporáneos me gusta Guitarricadelafuente, Rosalía, Javier Ruibal y Serrat.