MARÍA LUZ SOLÁ OTEYZA: “Se puede ser «artista» siendo una persona buena, sana y feliz”

Antes de que publique su segundo libro, hablamos con la poeta y música María Luz Solá Oteyza, nacida en Argentina y radicada en España desde chica, quien está al frente del grupo musical Jordana B. y se encuentra, además, preparando un espectáculo junto a su padre, el reconocido actor argentino Miguel Ángel Solá.
Auténtica y sin rodeos, en la charla pone en tensión el concepto muchas veces romantizado de “artista”, opina sobre el “mundillo” de la música y da su visión acerca del papel que deberían desempeñar los hombres en la lucha feminista. 

Texto: Pilar Muñoz
Fotos: Marina Ventola

En su piso madrileño ubicado en el barrio de Lavapiés, y seguramente muchas veces motivada por los destellos de sol que entran a través de los ventanales de sus pintorescos balcones y que bañan de luz el salón principal, María Luz Solá Oteyza lleva una vida en la que el arte es protagonista. Cuando no está escribiendo un poema, por ejemplo, está pensando en cómo convertir otro en canción.

Su nombre sintetiza como pocos el intercambio cultural entre Argentina y España. Nacida en Buenos Aires en 1996, María Luz es el fruto de la relación entre el actor porteño Miguel Ángel Solá y la actriz madrileña Blanca Oteyza, quienes fueron pareja sobre el escenario pero también han vivido una historia de amor de diecisiete años.

Ella tenía cuatro cuando sus padres decidieron dejar la casa de Parque Centenario para irse a vivir a la capital española. Desde entonces, no volvió a su tierra natal hasta los diecinueve, algo que revirtió en este último tiempo, en el que se acostumbró a vivir dos meses al año en Buenos Aires, cerca de su familia paterna.

¿En qué rasgos de tu personalidad se vislumbran tus raíces argentinas?

—Yo me siento muy porteña. Parece una tontería, pero las raíces se notan más allá del acento. Se perciben en las costumbres, en la manera exagerada de hablar, en el vocabulario, en el desarraigo y en la intensidad. En ese “sentir”, digamos.

Yo me siento muy porteña, las raíces se notan más allá del acento.

Ahora que estás visitando el país con más frecuencia, ¿cuáles son los planes que nunca faltan en tu itinerario?

—Cuando voy a Buenos Aires consumo mucho teatro, miro escaparates en Palermo Soho, voy a ver el espectáculo de moda en Recoleta, visito el MALBA, el Café Tortoni y El Ateneo. También me gusta caminar por la avenida Corrientes, tumbarme al sol en Plaza Francia… Sería un sueño desarrollar mi carrera en Argentina, en un futuro me encantaría hacerlo.

Infinidad de libretas solía comprarle Miguel Ángel para que escribiera. “La inspiración tiene que pillarte con el culo en la silla”, solía repetirle, por su parte, Blanca. El esfuerzo y la constancia son valores que a María Luz le trasmitieron de niña y que ahora, veinteañera, ella lleva como insignia.

Fue así que, aunque quizás –por su talento pero también por “ser la hija de”- podría haber conseguido curro sin pisar un aula, nunca se le cruzó esa idea por la cabeza y, ni bien terminó la secundaria, comenzó a trabajar y a instruirse en lo artístico.

Cumplidos los dieciocho, despuntó su pasión por la escritura como colaboradora de la revista Le Cool Magazine, en la que escribía reseñas, entrevistas y crónicas culturales tanto para su versión madrileña como para la barcelonesa, tarea que ingeniosamente intercalaba con sus estudios de Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid, donde se anotó con el deseo de formarse en cine, otra de sus primeras pasiones.

Los platós, bambalinas y camerinos entre los que se crió y el empuje que le dieron desde chica explican sin dudas la fascinación de María Luz por la cultura, pero no por eso deja de ser curiosa y ultra personal su sensibilidad artística y su manera de interpretarla.

¿Cómo fue tu crecimiento al lado de dos grandes artistas? ¿De qué manera influyeron en la carrera que elegiste?

—Tuve la suerte de tener unos padres que no me privaron absolutamente de nada. Tampoco me sentí cohibida con respecto a mis gustos. Desde que tengo uso de razón, mi padre siempre me dice: “Escribe, María, escribe”. Pero sé que si hubiera querido dedicarme a pilotar globos aerostáticos me habrían apoyado. Después, como en todas las familias, hay cosas buenas y malas. Yo intento siempre quedarme con las buenas…

Desde que tengo uso de razón, mi padre siempre me dice: “Escribe, María, escribe”.

¿Con qué frecuencia escribís y cuál es tu momento o estado de mayor inspiración?

—Intento escribir un poema o una canción todos los días, aunque me salga algo terrible de lo que luego me avergüence. Intento mejorar, y creo que la mejora se hace practicando. Normalmente por las mañanas escribo a ordenador y por las noches en papel, dependiendo de la intimidad del día.

¿Hacés catarsis a través del arte y la escritura?

—Pienso que es una forma de expresión, de canalizar, pero también creo que debemos dejar de romantizar el concepto de “artista”. Es un legado feo que nos dejó el Romanticismo, al igual que la expresión “muerto de hambre”. Si somos mayorcitos para vivir en el siglo XXI también lo somos para dejar de ensalzar delirios de grandeza o comportamientos narcisistas de ciertos personajes. También, para dejar de romantizar las enfermedades mentales como la depresión, los trastornos de ansiedad o las adicciones. Se puede ser “artista” siendo una persona buena, sana y feliz. Hago la misma catarsis que podría hacer un deportista que sale a correr. Es una forma de ser sincero con tus necesidades, cada uno lo hace como puede.

Hay que dejar de romantizar la depresión, los trastornos de ansiedad y las adicciones. Se puede ser “artista” siendo una persona buena, sana y feliz.

En la película Amantes de 5 a 7, el protagonista –un joven novelista estadounidense que se enamora de una mujer francesa casada- dice: “Tan poco como quieres escribir cuando estás feliz debes escribir cuando te sientas miserable, la pasión debe ir a un lugar y este es el único lugar que queda, el sufrimiento debe servir para algo”. ¿Qué opinás de su visión?

—Estoy muy de acuerdo con que “el sufrimiento debe servir para algo”. Es una forma de encontrar utilidad a la oscuridad. Si no haces nada con ello, sufrir no te lleva a ninguna parte. Si puedes lograr sacar beneficio de cuando sufriste, tienes el control de muchos aspectos de tu vida. Muchas veces los sentimientos negativos son un resorte gigantesco para comenzar a trabajar sobre la autoestima de uno. Pero también opino que deberíamos ser capaces de escribir en todos los estados: si uno lo hace sólo cuando sufre –muchas veces se confunde desahogo con inspiración- estamos haciendo trampas. Un payaso no puede ser payaso sólo cuando ríe a carcajadas, debe serlo también cuando se está muriendo por dentro. Un actor no puede actuar sólo cuando su personaje es un héroe con el que logra empatizar, tiene que conseguir empatizar también con el villano.

¿Y cómo sos como lectora? ¿Qué hábitos tenés al leer y en qué formato lo hacés?

—Siempre físico. Me gusta doblar la parte de abajo de las esquinitas cuando encuentro una frase que me gusta y la parte superior cuando ocurre algo relevante digno de ser recordado.

A pesar de haber incursionado en el periodismo cultural, con el paso de los años la pasión de María Luz por la poesía se impondría por sobre todos sus intereses culturales y la introduciría en un circuito que después la llevaría a publicar Esto será nada, como todo (2018), su primer libro de poemas.

Su paso por el Poetry Slam Madrid cumplió un rol importante en ese camino. Según revela, nunca antes había recitado en público y participar allí, en ese evento de poesía en el que tuvo tres minutos para interpretar alguno de sus versos y luego ser calificada por el público, fue “lanzarse de cabeza”.

Sin embargo, esa experiencia iniciática la llevó a conocer a muchas personas con intereses afines y, también, a que la convocaran para participar en otros eventos similares y terminara resultando ganadora de una de las ediciones del Poetry Slam de Santander.

Hoy, a poco de que la editorial independiente L´Ecume publique su segundo poemario, Coser la sombra, María se reparte el tiempo entre su grupo musical Jordana B. y los preparativos de un espectáculo de poesía que protagonizará junto a su padre y que se llamará Sana, sana.

Hace poco anunciaste por Instagram que se viene tu segundo libro. ¿Qué podés adelantarnos?

Coser la sombra es un poemario algo extremista, con tintes muy claros y muy oscuros. Mucho menos inocente que Esto será nada, como todo. La idea surgió porque conocí, gracias a la poesía, a una bella persona llamada Pablo Urizal. Él, junto con su pareja artística Mariona Belchi –una excelente ilustradora-, decidieron unir sus ilusiones y montar L´Ecume. Su propósito era apostar por poetas en los que ellos creían, formar una familia y fomentar lo que consideran buena poesía.

¿Y cuál es hoy tu relación con la música?

—Tengo una relación de amor-odio porque me encanta componer pero odio lo que se llama “el mundillo” de la música. Me parece una cancha de boxeo para egos y, además, la noche es muy peligrosa. Muchas veces la manera de mover tu trabajo es haciendo una red de contactos y, en la música, ese es un camino algo peligroso porque nunca sabes en dónde te vas a meter.

Me encanta componer pero odio “el mundillo” de la música, me parece una cancha de boxeo para egos.

¿Cómo se dio el proceso de convertir tus poemas en canciones?

—Empecé a hacer canciones porque me di cuenta de que mis poemas tenían ritmo y querían bailar. Al fin y al cabo, basta con escuchar a cantautores y cantautoras para darte cuenta de que muchas canciones son poemas con melodía. Sin ir más lejos, Sabina o Drexler. Y opino que el rap también es poesía, algo más agresiva, pero no deja de serlo. Ellos y ellas mismas, como por ejemplo Wos o Sara Hebe, citan a poetas en sus temas.

¿Qué lugar ocupa el feminismo en tu vida?

—Sin ayuda del feminismo yo no podría crecer como artista ni como persona ni como nada. Sería algo desmembrado, un ser al que dieron vida pero no dejaron que protagonizara ni uno de sus actos o logros, y mucho menos que los celebrara. El feminismo me parece tan necesario como beber agua, pero me parece que es un error gigantesco politizarlo. Porque no estamos hablando de política, hablamos de ética y moral. No hay que confundir feminismo con hembrismo, ni feminismo con fanatismo. Debería ser obligatorio en el siglo XXI tener acceso a esta información, para lograr no cohibirlo ni intentar retrasarlo con radicalismos estúpidos.

Sin ayuda del feminismo sería un ser al que dieron vida pero no dejaron que protagonizara ni uno de sus actos o logros, y mucho menos que los celebrara.

¿Qué papel creés que deberían desempeñar los hombres en la lucha feminista?

—Uno de los problemas que observo es que algunos intentan empatizar con la situación cuando, la mayoría de las veces, no pueden empatizar con el polo de la mujer: es imposible que siendo hombre te hayas visto a diario en una situación como las que vivimos nosotras cada día. Por eso se los llama “aliados”. El papel de un aliado no es empatizar contigo, si no hacer lo posible para cambiar la situación y ayudar a luchar por la causa. No sólo nos tenemos que acercar al polo masculino en lo que al feminismo concierne, también es necesario que les guiemos a ellos hacia el polo femenino.

¿Y qué se necesita para lograr ese acercamiento que planteás entre ambos polos?

—Que normalicemos en los hombres actitudes que hasta ahora se consideraban “femeninas” y, del mismo modo, normalizar las “masculinas” en las mujeres. Por ejemplo,  yo tengo derecho a no depilarme y mi pareja tiene derecho a llorar todo lo que quiera. Él acepta mi físico y me hace sentir bien con lo que soy, yo acepto su forma de ser y su sensibilidad, que me parece preciosa. Es una cuestión de romper con los moldes. Esto sin hablar del techo de cristal y la desigualdad laboral y de oportunidades. Estoy muy orgullosa de poder participar en esta nueva ola del feminismo.

Las recomendaciones literarias de María Luz Solá Oteyza

¿Qué autor o autora has descubierto recientemente y recomendarías?

—En poesía, la española Luna Miguel. En novela, la belga Amélie Nothomb.

¿Cuáles fueron los últimos poemarios que leíste?

La energía de los esclavos (Leonard Cohen), Nocturnos (Idea Vilariño) y Guitarra negra (Luis Alberto Spinetta).

¿Qué libros tenés en este momento en tu mesa de luz?

—Ahora leo muchos libros escritos por mujeres sobre mujeres. Me gusta empatizar con las protagonistas, me siento más capaz de todo. Algunos que están en mi mesilla: Cómo se hace una chica (Caitlin Moran), Todo lo que sé sobre el amor (Dolly Alderton), Otras maneras de usar la boca (Rupi Kaur), Cara de pan (Sara Mesa) y Las Chicas (Emma Cline).

¿Qué libro te ha marcado?

Éramos unos niños, de Patti Smith. Es un libro que me recuerda a una etapa preciosa de mi vida. Además de ser buena literatura, es un viaje por el amor, la fraternidad, y también contiene esta visión romántica del “artista” que, aunque debamos erradicarla, tampoco está mal soñar con ella de vez en cuando.

¿Qué libros ocupan un espacio en tu biblioteca desde que tenés memoria?

El Principito (Antoine de Saint-Exupéry), El libro de los abrazos (Eduardo Galeano), El guardián entre el centeno (J. D. Salinger), Historias de cronopios y de famas (Julio Cortázar), El mundo de Sofía (Jostein Gaarder) y mis primeros poemarios, que fueron de la madrileña Gloria Fuertes y del chileno Pablo Neruda.

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